Ciudad de México.- Don Pablo Carmona limpiaba el corral de sus vacas cuando escuchó el helicóptero donde regresaban al Chapo, después de medio año de fuga. Pasaban ya de las once de la noche y aquel zumbido era apenas el anuncio de una noche caótica para el área circundante al penal de máxima seguridad de Almoloya de Juárez, Estado de México. “Ya llegó el vecino”, escuchó decir a su hijo Enrique…
El retorno del líder del Cártel del Pacífico multiplicó noctámbulos y un día después desfilaron los somnolientos.
En la oscuridad se generalizó el alboroto, por aire y por tierra: motores, hélices, luces, aceleres, gritos, estampidas, destellos, repiqueteos, rondines, zancadas… Dos, tres, cuatro de la madrugada.
“Por este cabrón aquí nadie durmió y qué culpa tenemos, vuelta y vuelta, duro y duro”, se quejó el campesino.
La desaforada presencia de federales y militares trastocó la normalidad sabatina en Santa Juana, La Colonia, La Palma, Mina México y demás poblados aledaños. Los hombres suspendieron la tarde de cervezas frente a los tendejones de esquina, como acostumbran después de la semana de trabajo. La mayoría labora en Toluca o en la ciudad de México, en tareas de albañilería o en pequeñas fábricas. El sábado es día de la vuelta a casa, para asalariados y estudiantes. De ahí el trajín de camiones y colectivos, esta vez vigilados, escudriñados.
Fue entonces para ellos un atardecer de encierro, de tragos caseros…
Las mujeres salieron con rosario en mano rumbo a la descolorida iglesia que es posible descubrir desde la parte frontal del Cefereso. “Que el santísimo nos libre de más sustos”, pidió doña Marisela Montes de Oca a San Isidro Labrador, el santo patrono de la comunidad y cuya fiesta de mayo desborda procesiones y plegarias.
-¿Qué es tener de nuevo al Chapo como vecino? -se preguntó a la mujer.
-Puros peligros… Los uniformados andan por todas las entradas de los caminos vecinales y seguido se escucha la ruidera de helicópteros. Anoche sobrevolaron cuatro, desde antes de que lo trajeran. Por eso, mejor encomendarse.
-¿Es para tanto?
-Que sepa este señor que puede contra el gobierno, pero no contra Dios…
La misa del pueblo fue programada para el amanecer dominical. De forma habitual, las campanas repican a las 5:50 de la mañana.
PRELUDIO. En realidad el ajetreo comenzó a desatarse en la zona después del mediodía de viernes, cuando se extendió la noticia de la reaprehensión y uno a uno se instalaron retenes, en plena salida escolar.
“A la hora que salen los niños de la escuela ya los federales habían cercado todo, sabíamos que algo fuerte pasaba”, relató doña Marisela.
Tras conocerse que Guzmán Loera sería otra vez trasladado a Almoloya hubo quien abonó a la zozobra, al extender el rumor de balaceras y rescates sangrientos.
“La gente decía que sus pistoleros lo iban a chispar, y todos estábamos medio siscados. Andaban por ahí, casa por casa, unas señoras ofreciendo servicios funerarios y nadie quería atenderlas. Era algo muy raro y sospechoso… No gracias, y a encerrarse”, refirió don Pablo, quien temprano salió de casa a resolver algunos pendientes.
“Los federales lo paran a uno: que a dónde va, que de dónde viene, que dónde trabaja, que una credencial. Puros interrogatorios, no puede uno ni caminar tranquilo a su casa”.
Las carpas cerraron en Almoloya. Y se suspendió el baile de la fiestecilla campirana.
No fue el mismo sábado de chicharrón y carnitas. En las tiendas se bajaron las cortinas y se reportaron menos borrachos y más rezos. El Chapo volvió, después de 180 días ausente…





