Era mi primera visita a Indianápolis, en aquel enero del 2007.
Tom Brady y Peyton Manning. Peyton Manning y Tom Brady. A nadie le importan los otros 90 jugadores que estarán vestidos y listos para jugar el domingo en el Invesco Field at Mile High en esa hermosa y fría ciudad del centro-norte de los Estados Unidos. Es el Brady-Manning Bowl XVII, y sólo será la continuación de la rivalidad más profunda en los últimos 17 años en la NFL.
Una rivalidad que empezó el ya lejano 30 de septiembre del 2001, allá en el Gillette Stadium de Foxboro, donde Brady, el jovencito que apenas había completado seis pases para 52 yardas en su incipiente carrera, enfrentaba a un veterano de 4 temporadas que ya incluso había sido llamado en dos ocasiones al Tazón de los Profesionales. El novato pasador de los Patriotas había sido seleccionado en la sexta ronda del draft el año anterior y estaba realizando su primera aparición como abridor de Nueva Inglaterra.
Han trascurrido 15 años desde entonces, Brady ha ganado 4 anillos de Supertazón y Manning uno, precisamente después de detener la marcha triunfal de los Patriotas en aquella campaña del 2006, y quien resulte triunfador este domingo tendrá dentro de tres semanas en San Francisco, bueno en Santa Clara, más cerca de San José que de San Francisco, la posibilidad de buscar un nuevo titulo de la NFL.
Y es que Brady estableció a la par de aquellos Patriotas de principios de la década pasada, un ensordecedor dominio sobre Indianápolis, al que derrotó las dos primeras veces que se vieron las caras en postemporada, la primera de ellas en el Juego de Campeonato de la Conferencia Americana en enero del 2003 en Foxboro y al año siguiente en el playoff divisional. En ambos casos, Brady se encaminó para ganar el Superbowl, ante las Panteras primero y luego ante las Águilas de Filadelfia.
Pero la espera tenía que terminar un día…
LA OPACA FIGURA. Recuerdo perfectamente la lluviosa mañana de domingo, aquel 20 de enero del 2007. Hacía un frío tremendo pues la noche anterior había nevado. El cielo encapotado de Indianápolis era el marco que dejaba ver el domo blanco de la casa de los Potros. Era mi primera visita a Indianápolis, la ciudad de Manning, que aparecía lo mismo en anuncios de dentífrico, real-estate, pizzas, renta de autos, supermercados, líneas aéreas, todo lo que se le pueda ocurrir a uno. Era la figura y aquel fin de semana habría de consagrarse y dar razón a los múltiples récords que había impuesto a lo largo de su carrera, sin embargo, aún no lo había hecho y eran razonables las dudas que había sobre su capacidad para conquistar las grandes victorias.
Brady había logrado cinco victorias consecutivas en sus primeros cinco enfrentamientos, incluyendo el triunfo en el duelo por el boleto al Superbowl el 18 de enero de 2004, antes de que Manning comenzara a tratar de revertir la tendencia, pues aunque rompió el cero, todavía los Pats comandados por Brady habrían de conseguir otra victoria, en el playoff divisional el 16 de enero de 2005. Y aunque en los dos siguientes duelos, repartieron victorias, aquellos Potros del 2006 eran, sin lugar a dudas, el mejor equipo de la NFL, pero antes de proclamarse como tales, Peyton tendría que probar que la paternidad de Nueva Inglaterra sobre Indianápolis ya no existía más. Así que, con los números en contra, 2 victorias de Manning contra 7 de Brady, llegaron a la hora de la verdad.
UNA PEQUEÑA ORACIÓN. Esa noche Manning dejó de creer en la mala suerte y la incapacidad mostrada en el pasado para alcanzar su meta. Esa noche en el RCA Dome, los Potros rompieron el maleficio, lo vislumbraron a 80 yardas de distancia en esa ofensiva final que acabó con las dudas sobre si eran capaces o no de ganar el gran juego, el que daba el boleto al Superbowl.
Pocos creerían que Manning reconoció que había dicho una pequeña oración antes de encaminarse a una de las mas improbables victorias de la historia de la NFL en esta instancia, un regreso de 18 puntos al final de la primera mitad, cuando los Patriotas comandaban 21-3.
Algunos podrían decir que fue una intervención divina en esa ofensiva de hazlo ahora o muere. Pero quizá fue el despertar de uno de los elementos mas inesperados aquella noche, Bryan Fletcher, el ala cerrada que en su segunda campaña con los Colts había logrado sólo 18 atrapadas en la campaña regular y apenas una en los dos juegos de postemporada de Indianápolis, que sintiendo a la defensiva de los Patriotas orientada lejos de él, sabía que podía hacer la jugada que cambiara el rumbo para siempre.
La defensiva de Nueva Inglaterra se concentraba en Reggie Wayne, el estelar receptor de Manning, por lo que todo lo que tenía que hacer en el terreno Fletcher para asegurar una atrapada inesperada, era vencer al linebacker Eric Alexander. Y así lo hizo…
En segunda y diez en la yarda 31 de los Colts, Fletcher salió disparado mientras el esquinero Arthur Hawkins se concentraba en Wayne, lo que se convirtió en una atrapada de 32 yardas en la 37 de Nueva Inglaterra. Cuatro jugadas después, mientras Manning trataba de sangrar al reloj lo más que podía, el novato corredor Joseph Addai apareció franco para conseguir el touchdown de la victoria 38-34 con una carrera de tres yardas.
Ese touchdown mandó a los Potros a su primer Superbowl desde que llegaron de Baltimore en 1984 y lo más importante, le había quitado a Manning el estigma de que no estaba preparado para ganar los juegos grandes.
Manning, probablemente el pasador más grande de su generación tuvo 27 pases completos de 47 para 349 yardas, y su único pecado fue la intercepción que sufrió a manos del esquinero de los Pats, Asante Samuel, que devolvió el envío 39 yardas para anotación.
Esa noche, Indianápolis terminó por ser mucho más que Nueva Inglaterra en todos los terrenos, primeros y diez 32 vs. 17, yardas 455 vs. 319 y jugadas 80 vs. 59, pero nada de eso hubiera tenido ningún significado si hubieran fallado en esa ofensiva final.
Cuando el reloj marcaba 9:25 en el segundo cuarto, Indianápolis perdía 21-3, pero Manning encabezó aquella noche el más grande regreso en el Juego de Campeonato de la Conferencia Americana, anotando en seis de sus siguientes nueve ofensivas, series que promediaron 9 jugadas cada, que terminaron por pulverizar a la defensiva de los Patriotas.
“Si, dije una pequeña oración –reconoció Manning- no se sí se supone que uno deba de rezar en ese tipo de situaciones, pero yo lo hice…”, y sí, hay quien asegura que tuvo ayuda divina, ¿Quién puede saberlo?….





