En su segundo año de gestión al frente del alma mater estatal del contador Enrique Carlos Etienne Pérez de Río, que este jueves 25 de febrero rinde su segundo informe, ha marcado la pauta en la transformación de un viejo sistema asistencialista del que se colgaban quienes se creyeron eternos beneficiarios de un presupuesto que debían disfrutar académicos probos y estudiantes brillantes.
Pisar callos nunca traerá elogios a quien se atreva hacerlo, salvo de aquellos que dejaron de ser ignorados cuando debieron tener todos los reflectores por estar en lo suyo: la cátedra, la investigación, la innovación y sobre todo aquellos que antepusieron su honradez y conocimientos a los intentos de ser corrompidos.
Sí hay menos becarios, pero los que ahora reciben esos estímulos debieron ganárselos y sobre todo esmerarse en mantenerlos. A cambio hay más investigadores y los mejor de esto es que se están formando más, los cuales tendrán entre sus prioridades aterrizar su trabajo elevando la productividad y el nivel de vida de los tamaulipecos.
Etienne Pérez del Río salió de la inercia que permitió a los grupos usufructuar los activos, de todo tipo, de la Universidad. Hoy no se apoya a quien no lo merece y demuestra con trabajo académico única y exclusivamente, labor que se realiza cuesta arriba pero en la que ya se ha avanzado con el pesar de quienes añoran los vicios.
El reto este año es bastante serio: los recursos serán menores y las exigencias seguramente mayores, en contraparte el trabajo en las aulas se incrementará por la demanda de profesionales con perfil orientado a la reforma energética, afortunadamente los catedráticos no serán afectados y eso, junto con los recursos materiales, en cualquier escuela es lo que importa.
Desde luego habrá voces que cuestionarán y demeritarán, sin percatarse que no lo hacen contra la persona sino contra la institución que ha ido ganando día a día la confianza de la sociedad, que es a la que debe complacer, no más.
APUNTE.- Tras la licencia solicitada y aprobada de Alejandro Etienne Llano, se habla de una terna para ocupar el lugar que deja vacante después de que el suplente declinó tomar ese encargo. Sin embargo ni Agustín Méndez Cantú ni mucho menos Adolfo García Paz llenan el perfil como para ser cuando menos considerados.
Aquí la sorpresa sería que los diputados se salten el currículo de Rafael Rodríguez Salazar y optar por los lazos familiares a la hora de decidir. Y es que no se trata de simpatías porque tampoco en eso le ganan al ahora secretario del Ayuntamiento, bueno a menos que les gane el lazo familiar.
Habrá qué esperar, pues como suele ocurrir en esos niveles se antepone el dedazo a la capacidad con tal de adornar el árbol genealógico.
PENDIENTES.- En cuestiones de reclamos sociales y de seguridad los victorenses no sabemos de treguas por procesos partidistas, ojalá no estemos viviendo un vacío de poder o mejor dicho de gobernabilidad.
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