Ciudad de México.- El Papa Francisco deploró que de modo sistemático y estructural los pueblos indígenas han sido incomprendidos y excluidos de la sociedad, por lo cual hizo un llamado a pedirles perdón. “¡Qué tristeza! ¡Qué bien nos haría a todos hacer un examen de conciencia y aprender a decir: perdón, perdón, hermanos!”, expresó.
Reprochó asimismo que algunos han considerado inferiores los valores de los pueblos originarios, sus culturas y tradiciones, y otros, mareados por el poder, el dinero y las leyes del mercado, los han despojado de sus tierras o han realizado acciones que las contaminaban.
En este orden de ideas advirtió que “el desafío ambiental que vivimos y sus raíces humanas, nos impactan a todos y nos interpelan. ¡Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia!”.
Y con énfasis, tras señalar qué bien nos haría aprender a decir perdón, expresó: “El mundo de hoy, despojado por la cultura del descarte, los necesita a ustedes”.
El Sumo Pontífice ofició en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una misa con comunidades indígenas a la cual concurrieron cerca de cien mil tojolabales, tzotziles, tzeltales, e integrantes de otras etnias del sur de nuestro país e incluso de Centroamérica, la mayoría ataviados con trajes típicos.
La misa fue oficiada en el predio denominado Servicios Deportivos Municipales, desde un templete cuyo fondo era la reproducción del frontispicio de la Catedral de San Cristóbal de las Casas.
Al inicio de la liturgia, Francisco citó en un idioma local el título de un salmo relativo a que “la ley del Señor es perfecta del todo y reconforta el alma”, y refirió que se trataba de la ley que el pueblo de Israel había recibido de Moisés.
“Una ley que ayudaría al pueblo de Dios a vivir en la libertad a la que habían sido llamados. Ley que quería ser luz para sus pasos y acompañar el peregrinar de su Pueblo. Un Pueblo que había experimentado la esclavitud y el despotismo del Faraón, que había experimentado el sufrimiento y el maltrato hasta que Dios dice: ¡basta! Hasta que Dios dice: ¡No más!”
Señaló en seguida que aquella realidad de sufrimiento y maltrato encontró eco “en esa expresión que nace de la sabiduría acuñada en estas tierras desde tiempos lejanos, y que reza en el Popol Vuh: El alba sobrevino sobre las tribus juntas. La faz de la tierra fue enseguida saneada por el sol”. Y remarcó: “El alba sobrevino para los pueblos que una y otra vez han caminado en las distintas tinieblas de la historia”.
En esta expresión –dijo–“hay un anhelo de vivir en libertad, hay un anhelo que tiene sabor a tierra prometida donde la opresión, el maltrato y la degradación no sean moneda corriente”.
“En el corazón del hombre y en la memoria de muchos de nuestros pueblos está inscrito el anhelo de una tierra, de un tiempo donde la desvalorización sea superada por la fraternidad, la injusticia sea vencida por la solidaridad y la violencia sea callada por la paz”.
El Papa abordó en seguida el tema del medio ambiente. “De muchas maneras y de muchas formas se ha querido silenciar y callar este anhelo, de muchas maneras han intentado anestesiarnos el alma, de muchas formas han pretendido aletargar y adormecer la vida de nuestros niños y jóvenes con la insinuación de que nada puede cambiar o de que son sueños imposibles.
“Frente a estas formas, la Creación también sabe levantar su voz; esta hermana clama por el daño que le provocamos a causa del uso irresponsable y del abuso de los bienes que Dios ha puesto en ella”.
Hemos crecido –prosiguió– pensando que éramos sus propietarios y dominadores, autorizados a expoliarla.
“La violencia que hay en el corazón humano, herido por el pecado, también se manifiesta en los síntomas de enfermedad que advertimos en el suelo, en el agua, en el aire y en los seres vivientes.
“Por eso, entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que gime y sufre dolores de parto”.
En este punto de su sermón, en la misa en la que en varias ocasiones se intercalaron lenguas autóctonas, Jorge Bergoglio expresó que “ya no podemos hacernos sordos ante una de las mayores crisis ambientales de la historia.
Y prosiguió:
“En esto ustedes tienen mucho que enseñarnos, que enseñar a la humanidad. Sus pueblos, como han reconocido los obispos de América Latina, saben relacionarse armónicamente con la naturaleza, a la que respetan como ‘fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano’”.





