Brasilia, Brasil. “Es muy triste que hoy se cumplan 40 años del golpe de Estado en la Argentina, y al mismo tiempo debemos estar muy alegres de que ahora los argentinos tengan un sistema democrático.Los golpes cambian sus características con el correr de tiempo; si hoy hubiera un golpe en este Brasil democrático, sería un tipo de golpe institucional”.
Esa fue la primera respuesta de la presidenta Dilma Rousseff durante una entrevista de casi 100 minutos ofrecida ayer en la amplia mesa de madera circular de su despacho del tercer piso del Palacio del Planalto. Dilma está sentada junto a una pared blanca en lo alto de la cual hay un escudo brasileño.
Pide que enciendan el aire acondicionado, “si no, nos vamos a freír”, mientras los asistentes ofrecen jugo de naranja natural. Es una mañana calurosa, característica del otoño brasiliense: lo atípico es que hasta el inicio del encuentro no se vieron grupos hostiles al gobierno y la democracia merodeando el palacio, que ha sido hostilizado casi a diario con consignas que van desde el “impeachment ya” hasta “S.O.S fuerzas armadas”.






