En la víspera lo anunciaron y fue, quizás, el evento más importante de la campaña.
Como fueron horas entre el anuncio del anuncio dio tiempo para que se especularan muchas cosas: que si se deslindaría; que delinearía su estrategia en la recta final de la campaña; que no, que nomás era un acto más.
La cita fue Tampico, allí donde inició su campaña.
Hasta allá se fue toda la clase política del estado: diputados locales, federales, líderes del partido y de sectores; colados y lambiscones. Todos estaban allí esperando el mensaje que provocó las ansias de todos.
Es un hecho que la campaña de Baltazar Hinojosa había sido light. Con mucho trabajo en territorio, pero el discurso había sido débil y repetitivo. No nos decía mucho… transmitía poco, pues. Para algunos era algo así como exceso de confianza aunque se veía el avance del adversario.
Durante los últimos días de la campaña poco a poco fue endureciendo la arenga, pero no había sido como hasta ayer: certera y definitiva.
El Espacio Metropolitano ya estaba copado y con la mirada de todos atenta, incluso la de los rivales esperando el famoso anuncio.
Hubo un solo orador: Baltazar.
Se paró frente al estrado. A un lado dos enormes monitores. Tomó el micrófono y se aventó el discurso.
Delineó esa estrategia basada en diez puntos, la mayoría de ellos dedicados al rubro de la seguridad.
Fue duro porque hubo una autocrítica a los gobiernos emanados de su partido.
Fue práctico, porque habló de lo que sucede en Tamaulipas, pero con soluciones que explicó de manera sencilla y sin darle vueltas al asunto; sin disfrazar nada.
No desconoció a nadie, y aun y cuando en política, como dijo reyes Heroles “la forma es fondo”, dejó en claro que él es el candidato no los demás. Que él es el que encabeza un nuevo proyecto. Sí un nuevo proyecto con todas sus letras. Es él, no los demás y así se deslindó para asumir su propio proyecto.
Fue directo. Criticó lo que se viene haciendo mal, por qué se descompuso y cómo se puede solucionar.
Llegó tarde, pero al fin llegó ese discurso político que, sin duda, marca una diferencia, un antes y un después de la campaña.
Llegó quizás en el momento justo, a una semana de que acabe todo esto y a semana y media de las elecciones.
Habló acerca de lo que los tamaulipecos querían escuchar: una crítica a lo que se ve actualmente, pero no sólo eso, sino que de las posibles soluciones a ese problema que tanto daño hace a todos: la corrupción, el favoritismo, la impunidad, la opacidad, la inseguridad y la mala planeación.
A muchos convenció porque fue claro.
Fue el discurso en el que se deslinda del pasado para hacerle frente al presente y diseñar un mejor futuro.
Habría que hacer un sondeo a partir de esa arenga para analizar si en realidad cautivó a los electores, que al final de cuentas son los que tienen la última palabra.
No hay que tomar como parámetro las líneas de quienes escriben con el hígado o el bolsillo, porque no es complicado pronosticar que su “análisis” será positivo y que le darán veinte puntos de ventaja sobre los rivales; no, hay que ir con aquellos que votan, de la ciudadanía que palpa y que tendrá el poder de elegir.
Baltazar Hinojosa necesitaba algo así para poder enamorar, porque con serenatas al pie de los balcones no se conquista a la mujer amada, sino con hechos, con un proyecto, con soluciones que no parezcan lejanas ni imposibles.
La estrategia fue buena. Si lo hubiese dicho al principio de la campaña a la gente ya se le habría olvidado.
Atrás quedó el Baltazar romántico y dulce. Tamaulipas requiere de una persona con mano dura, pero inteligente. Un líder que entienda y sienta, que sea firme pero no inflexible. Un gobernante de carácter y con los pies en la tierra.
Si todo eso que asumió como compromiso lo hace realidad, si es que gana la elección, podríamos hablar de que se eligió a la persona adecuada.
Ojalá en realidad asuma ese liderazgo que presumió.
Veremos la respuesta del adversario, que no deberá quedarse atrás y dar un paso más para ver de qué está hecho.
Por lo pronto, la campaña de Baltazar deberá tomar otro rumbo en ésta recta final de proselitismo.
PUNTO FINAL.- “Como la dicha de un pueblo depende de ser bien gobernado, la elección de sus gobernantes pide una reflexión profunda: Joseph Joubert.
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