La tragedia que a punto estuvo de enlutar un hogar más de los miles en que se llora a muertos, que en la mayoría de los casos no se saben dónde fueron a quedar, mostró no la cruda realidad en cuanto al nivel que alcanzó la delincuencia porque esa ya la conocemos desde el 2010 sino el alto grado de desconfianza hacia las instituciones gubernamentales.
Al mismo tiempo reflejó que la insensibilidad ha tenido un avance significativo entre todas las clases sociales, no sólo porque se reprochó el intenso operativo para buscar al plagiado, sino porque en un momento dado se percibió que daba igual que se perdiera otro ser humano al fin que ya se habían perdido muchos.
Aunado a la incredulidad los tamaulipecos, principalmente, el ambiente generado por las campañas políticas generó una mezcla de sorna y burla nacionales que lo de menos habría sido fuese dirigida a los entes oficiales involucrados, pero lo lamentable es que las etiquetas fueron generalizadas, aunque en este caso lo correcto es decir que fuimos reetiquetados.
La pugna político-partidista fue el aditivo principal de los comentarios mediáticos nacionales e internacionales, pasando a segundo plano los ciudadanos comunes y corrientes por quienes, pese a ser el medio para su fin ($), se preocuparon poco o nada aquellos que tienen a su alcance los grandes foros informativos, aunque es lógico el presupuesto familiar es apenas una migaja frente al oficial.
Lo de menos es que en todas partes, reales o virtuales, cuestionen la veracidad de la información oficial, lo grave es que esa tendencia haya sido de adentro hacia afuera y después de regreso con más fuerza y crudeza, como si importara sólo la verdad oficial y no los testimonios de sufrimiento de quienes ilusamente pensamos que seríamos cuidados por nuestros gobernantes.
No queremos que se conduelan ni que se apiaden de lo que vivimos en Tamaulipas, ya sabemos y tenemos muy claro que la solidaridad no es para temas relacionados con la inseguridad pública, sino que respeten el dolor de los tamaulipecos y de quienes por necesidad alguna vez tuvieron que pasar por nuestra entidad y jamás se volvió a saber de ellos.
Es fácil lanzar ataques, que ahora se llaman inocentemente memes, estigmatizar como peligrosos y matones a quienes son afectados por la violencia, cuando no se conoce la realidad de una colonia, ciudad o una parte del estado y sólo a larga distancia se juzga por igual a los culpables de dejar crecer la delincuencia y a los inocentes que sufrimos sus efectos.
Pero de algo pueden estar seguros, los ciudadanos tamaulipecos no solapamos la corrupción ni la impunidad, son aquellos que desde el las altas esferas del poder han corrompido todo y a quienes la Federación no les pide cuentas por el alto costo político, sin pensar que esa factura la podrían pagar el próximo domingo.
APUNTE.- Con tanto ajetreo mediático los mexicanos hemos perdido de vista que la devaluación del peso continúa sin detenerse, ni los préstamos solicitados por el Gobierno federal han servido de freno.
Los más beneficiados por revuelto escenario nacional son los responsables de la economía y las finanzas nacionales, porque hasta ahora no han salido a explicar lo que está pasando, bueno aunque habría que señalar en su descargo que ahorita los medios están muy ocupados en otros asuntos comerciales.
PENDIENTE.- Dirían los chavos: Ese Loret es un loquillo. Aunque yo diría que ni tan loquillo.
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