Ayer comparé la política mexicana con una forma de vendimia popular. Lo he venido haciendo desde hace años y no me retracto de esa postura, precisamente porque la política mexicana tiene mucho que ver con la imagen de las figuras públicas, más que sus obras o ideologías.
Para respaldar esa postura, me di a la tarea de investigar a las figuras gubernamentales de los últimos 25 años en Tamaulipas, de Américo Villarreal a Egidio Torre. Lo que encontré fue carisma política, compadrazgos, contratos y proyectos sociales variados, muchos de los cuáles vieron la luz durante un breve periodo antes de ser cancelados o reemplazados por otros proyectos de supuesta mejoría.
También encontré peculiaridades, como en el periodo de Eugenio Hernández, donde se le galardonó por medio de Fitch Ratings como uno de los mejores administradores públicos; en contraste, al cierre de su gobierno, Tamaulipas se encontraba sumido en la deuda pública que después heredó Egidio Torre.
En todos los casos, sin embargo, existe un patrón marcado y llamativo: El de la imagen pública. No importa qué tan malo, inepto, ignorante o payaso seas, mientras salgas bien en la foto y sepas vender una sonrisa al pueblo que espera con el estómago vacío, vendrá la prosperidad.
Dicho crudamente, la política es la gran prostituta de México y los periodos electorales son el burdel donde baila al can can, al striptease y se lleva al más guapo a una habitación privada donde pueda exprimirle toda su billetera en monerías.
Pero hablando de cosas más alegres (o menos pornográficas, al menos) el exhorto a participar de la elección ciudadana se lanza constantemente por todos los medios, desde el Oxxo hasta la Santa Madre Iglesia.
Monseñor Antonio González, obispo de la Diócesis, hizo un comentario destacado tras la Santa Misa oficiada el mediodía de este domingo en la catedral capitalina: “Ser un buen cristiano es ser un buen ciudadano. Y ser un buen ciudadano implica ir a votar.”
Dado que la esencia de toda religión es la construcción de una sociedad en armonía con sus pares bajo un principio eclesiástico, Monseñor tiene razón: Es nuestro deber como ciudadanos votar, con conciencia e inteligencia, para el bien de la comunidad en general, no solamente de los religiosos, recordando el principio de laicidad que rige al Estado.
Esa es la razón espiritual para votar; emitir el sufragio pensando en el bien común del vecino y la sociedad a la que pertenecemos para coexistir de manera armónica.
Quisiera ahora disertar una segunda razón, la demográfica. El principio de elección popular se basa en la idea de que la sociedad completa (o una mayoría significativa) dictará las normas y elegirá su rumbo. El discurso de que se instaurará “un gobierno ciudadano” es una falacia, porque ese gobierno ciudadano ya existe; el problema está en que la sociedad no lo sabe.
De saberlo, dudo mucho que viviríamos la actual situación crítica en el ámbito socioeconómico, pero desde Salinas de Gortari ya el absurdo es nada. Pero eso es OPP.
La cuestión demográfica en una elección es la piedra angular de la misma: A mayor participación ciudadana, más fidedignos los resultados.
Si del cien por ciento del padrón vota sólo un 30 por ciento, y ese 30 por ciento lo hace por los diferentes partidos postulados para sufragarse, ¿existe de verdad una expresión popular de democracia?
No, por supuesto que no. ¡No votó ni la mitad! Un 70 por ciento no emitió su opinión, pero tendrá que atenerse a la decisión del 30 por ciento que sí expresó su opinión en las urnas. De ahí que el exhorto a votar sea tan importante para el proceso electoral: Si del cien votaran todos, la expresión popular se magnifica y alcanza su peso real para designar un líder popular.
El pasado año de 2015 se renovaron diputaciones federales; hubo un 55 por ciento de participación en Tamaulipas. En la elección presidencial del 2012, un 62 por ciento del padrón electoral efectuó su voto a nivel nacional; a nivel estatal, la participación fue de 56 por ciento, seis puntos por debajo del promedio nacional.
Prácticamente, una mitad de la población elige por la otra. El exhorto que se lanza en este periodo es el de alcanzar la mayor participación posible, para que así el resultado no sólo sea contundente, sino auténtico, y que unos no terminen eligiendo por otros.
Además, si presentan el pulgar entintado en algunos negocios (volvemos a la cruel realidad) recibirán descuentos y promociones. Ya me vi con mi café gratis del Oxxo.
Addendum: Una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud propone la remoción de todo diseño llamativo en las cajetillas de cigarros, bajo la premisa de que sería mucho más efectivo para disuadir al consumidor de comprar el producto. Por mí que lo hagan; seguiré fumando, pero al menos no tendré que ver a una rata muerta en mi caja de Luckies.
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