Llegó el día que todos han temido que llegara. El momento del triunfo para uno y la derrota para siete. La elección de la sociedad por la prosperidad o el desastre. El rumbo de los próximos seis años se decide hoy y la decisión está en manos de los millones de tamaulipecos que votaremos hoy.
El operativo de seguridad se desplegó desde anoche; las instalaciones del Instituto Electoral serán vigiladas por elementos del heroico Ejército Mexicano, mientras que, con rondines e inspecciones, la Policía Federal, Fuerza Tamaulipas y la Procuraduría General, crearán una barrera en torno a los electores para prevenir cualquier atentado al sufragio popular.
El silencio sigue sin romperse y todos los ojos giran hacia las urnas electorales. El tiempo corre con cada boleta depositada; desde las ocho de la mañana a las seis de la tarde, y después el conteo.
En los edificios partidistas se palpa la tensión. El estatuto central dicta que la elección no se cancela, llueva, truene, granice, caiga un meteoro, lo que sea. Los partidos lo saben; el resultado que aparezca este lunes será el final.
La bancada priista se siente segura, confiada en la victoria; han mantenido una hegemonía de casi cien años en Tamaulipas y su prerrogativa es llegar a ese centenario y más. Cada partido hará lo posible para evitar que eso pase.
El discurso central de la oposición gira en torno a la derrota del PRI, no tanto a la victoria de sus respectivos colores. El mensaje predominante de sus respectivas campañas se ha centrado en eso. De hecho, el mensaje principal de los candidatos a la gubernatura ha sido el de derrotar al contrario, relegando la necesaria tarea de informar a la sociedad lo que planean hacer una vez ocupado el poder ejecutivo.
La victoria electoral no sirve a la sociedad civil. Lo que sirve es el nombramiento de un líder capaz y fuerte que pueda traer prosperidad a la sociedad civil. Y esa es la principal reflexión a hacerse antes de marcar la boleta electoral.
¿Quién de todos es ese líder social que puede proveer seguridad y prosperidad a Tamaulipas? Y el problema es que, para muchos, esa pregunta no tiene una respuesta clara.
Estos últimos años han sembrado la duda y el temor en la comunidad tamaulipeca. Hay miles que no saben si confiar o no en las instituciones o en las sonrisas de los candidatos que visitan sus casas en la periferia de las ciudades.
El principal enemigo a vencer en esta jornada electoral no es al rival político, sino a ese temor que el tamaulipeco siente de forma inherente hacia las figuras públicas. Eso sólo se puede lograr con un proceso honesto de gobierno que hasta la fecha no ha sido posible consolidar.
Pero el tamaulipeco cree y vota esperanzado en que vendrá un cambio. Y el cambio no es acerca de un partido político ni de una figura pública; el cambio se trata de fomentar una reconstrucción institucional, no importa si viene del PRI, del PAN, del MC o del PRD. Cualquiera de ellos puede hacer este cambio para bien.
Ejercer el voto con conciencia, con cuidado, con sapiencia y visión, es la clave para elegir al candidato indicado. Asegurarse de que siga siendo el indicado es cuestión de ejercer constantemente la ley. Recuerden: Al momento de tomar el poder, el nuevo gobernador tendrá que jurar, ante la Bandera Nacional y ante la sociedad tamaulipeca, que cumplirá y hará cumplir la ley o de lo contrario, que la sociedad se lo demande. Y hay que demandarlo constantemente.
Adendum: ¡No olviden ir por su café del Oxxo después de votar! No, en serio. Hagan caso y uso de las promociones que les ofrecen como aliciente para votar, que para eso son. No se queden sin ejercer el voto, a menos que les guste que otros decidan por ustedes.
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