Hay un modismo argentino que me gusta muchísimo: Pelotudo. Según mi fiel tumbaburros, esta palabra se traduce a “persona excesivamente ingenua, que carece de sentido común o actúa sin inteligencia”.
Como diría el buen Forrest Gump, “tonto es el que hace tonterías”, o en este contexto, “pelotudo es el que hace pelotudeces”. Si me lo preguntan a mi, hay un sinnúmero de pelotudeces (en nuestra amada lengua mexicana las llamamos pendejadas) que varían en rango, intensidad y hasta trascendencia.
Las hay inocentes, casuales, como olvidar dónde dejamos las llaves del coche o encender un cigarrillo al revés (o sea, con el tabaco en la boca y el filtro en la lumbre). Las hay extremas y dignas de admiración, como bajar la loma en una bicicleta sin frenos o saltar sin paracaídas.
Y entonces están las pelotudeces que son, de plano, abismales en su contexto, al grado de causar toda clase de problemas sociales, económicos, políticos, mercantiles, bursátiles y humanos.
Una de esas pelotudeces fue decidir que la economía mexicana estaría mejor en las manos del mercado internacional, apostando las mejores fichas a inversionistas que un día te dan la mano y al otro te arrancan un ojo. Otra de esas pelotudeces es armar todo un plan de contingencia económica basado en que esas inversiones se restauren sólo porque en el país hay suficiente para todos los extranjeros. Y una pelotudez todavía peor es la de pregonar que pase lo que pase, llueva, truene o relampaguee, la economía nacional se mantendrá al alza, lenta pero segura.
En el campo de la socioeconomía es conocimiento de primer día de escuela que toda economía prosperará si sus bases están en la productividad colectiva de la sociedad. Antes de mover economías exteriores hay que mover las economías interiores. Eso ya pasó en México: Hasta antes de Miguel de la Madrid las principales marcas en el mercado mexicano eran nacionales.
Luego vino el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que no fue una mala idea, para nada. Lo que sí fue una mala idea (o pelotudez) fue dejar de lado la economía nacional para darle prioridad a los ingresos extranjeros, y más, abrirles las puertas a todas las empresas transnacionales para que desplazaran a las locales.
Platicando con el regidor Hermelindo Ramírez, supe que tiendas de conveniencia como Six u Oxxo han demolido económicamente a varios negocios locales en zonas rurales y periféricas de Victoria. Con la misma lo ha hecho 7-Eleven y negocios de su tipo. Los grandes supermercados devoran a los mercados locales y el dinero que antes llegaba directamente al bolsillo del productor ahora le viene lejano y mermado.
En consecuencia, el grueso de la economía mexicana depende del exterior porque se dejó abandonada la economía interior. Ahora, para reactivarla, haría falta arreglar la recesión que llegó del exterior porque ahora se depende de ella para el impulso económico interno.
En suma, la próxima vez que un funcionario del gobierno federal se pare ante los medios y diga con sorpresa que “no sabe cómo es que México cayó en una recesión peor que la del 2009”, denle un moquete en la boca y grítenle: ¡Pelotudo!
En temas más locales, y retomando la plática con el regidor municipal, salió de nuevo el tema de Comapa y cómo Victoria necesitaría construir un barcote y meter en él a dos de cada especie del zoológico de Tamatán si es que esperamos sobrevivir a sus negligencias.
Era la expectativa del gobierno municipal que la inundación que afectó al ejido Guadalupe Victoria fuera la gota que derramara el vaso para que Comapa entrara en acción. La ironía con la que no contaban es que si a Eliseo García Leal no le importó una inundación, ¿qué tanto es un vasito de agua?
Afortunadamente, las aguas no se tragaron a nadie aquella noche. Y ese fue el exhorto del regidor Ramírez Rodríguez: El de solventar los problemas del alcantarillado antes de que ocurra una tragedia más grave que las pérdidas materiales.
Ahora es el ejido Benito Juárez el que está encendiendo los focos de alarma por un dren pluvial en mal estado que no ha sido reparado en meses pese a los constantes reportes del problema. Las aguas se acumulan en las calles y la corriente es tan fuerte que, incluso, empezó a cuartear las paredes.
Saltar por la borda de un barco, sin saber nadar y sin chaleco salvavidas, es una pelotudez. Es todavía más pelotudo, sin embargo, hundir el barco y luego decir que no sabían que la gente podía morir ahogada.
Adendum: Llegó el día en el que se pondría a prueba el famoso juicio oral del Nuevo Sistema de Justicia Penal. Sucedió en Reynosa, donde una multitud de personas, entre reporteros, estudiantes, oyentes y civiles curiosos, acudieron a presenciar el hecho histórico. Llegó la hora del día y se incendiaron las empalizadas para dar comienzo a la prueba de fuego (es una metáfora). Y entonces, tras un rato de estar la lumbre prendida, alguien salió con un extintor de incendios y apagó las brasas (de nuevo, otra metáfora). No fue posible realizar el juicio oral, el primero de su tipo en Tamaulipas. No fue posible hacer historia este jueves. ¿Por qué? Porque la acusada no acudió al juicio. Qué a toda madre.
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