En ésta semana se cumplieron cuatro años de la elección del 2012 en donde la gente optó por regresar al PRI a Los Pinos, partido que nos prometió en esos días cambiar las cosas en el país para mejorar.
Han pasado cuatro años y habría que preguntarnos qué cambios ha visto usted, amable lector, en este gobierno tricolor.
Sólo es cosa de echarse un clavado a los comentarios que hace la gente, no sólo en redes sociales, sino en las pláticas de café; en la fila de las tortillas; en la sala de espera de un hospital o donde usted quiera.
Hace cuatro años, los lamentos contra el Gobierno Federal eran constantes y por esos días quienes se quejaban de lo que sucedía en el país eran los que hoy gobiernan.
No se complique, cualquier tema era bueno para la crítica y el cuestionamiento.
Hace cuatro años decían que la gente del campo no tenía apoyos y estaban pobres.
Los obreros se quejaban por la falta de empleos.
Los jóvenes y mujeres por falta de oportunidades.
Los legisladores por la falta de acuerdos.
Gobernantes que no había lana ni proyectos.
Cuatro años después las cosas no cambian. El campo igual de jodido que siempre. El desempleo mantiene sus niveles; sigue sin haber oportunidades, acuerdos, ni proyectos.
Ya ni hablamos del tema de la seguridad ni de los aumentos constantes al precio de los productos básicos; y ni mencionar la devaluación de nuestra moneda.
La diferencia es que ahora los que se quejaban ya no lo hacen; se hacen los desentendidos, pero eso sí, piden paciencia o maquillan la realidad con frases y discursos sacados de la manga.
Ahora los quejosos son los otros, los que gobernaban hace cuatro años; ahora son ellos los que critican lo que antes defendían. ¡Qué incongruencia!
Lo anterior nos indica que las cosas no se hacen por arte de magia. Que de la noche a la mañana se vaya a cambiar la situación.
Las cosas siguen igual en todos los terrenos.
El problema es que ya están las reformas que ellos mismos habían parado en la administración pasada. Ya están algunos acuerdos que no se habían logrado por necedad de ellos.
Hay cambios en áreas para responder a los nuevos tiempos y las cosas siguen igual. La gente sigue opinando lo mismo y el país sigue estancado en sus crisis.
La forma de gobernar es la misma. Los programas son los mismos, lo único que cambian son los nombres de las áreas y de los titulares, pero todo, todo sigue siendo igual que hace dos, seis, 12, 15 y hasta 24 años.
Las promesas se las llevó el viento.
Los compromisos firmados ante Notario se han hecho, sin embargo, van lentos y esos no han propiciado un cambio verdadero.
¿Logros? Quizás el de la Reforma Educativa, pero ya ve cómo les está yendo en el sureste.
¿La Reforma en Telecomunicaciones? Propició berrinches de los que manejan ese rubro y si bien, ahora se paga menos y hay más beneficios, el servicio está peor.
¿La Reforma Fiscal? No hace falta hacer un análisis profundo para decir que no ha funcionado y que lejos de eso, mantiene al país en vilo.
No. El país está mal y de malas.
Un país que odia a su Presidente. Un país enojado. Un país que lejos de componerse tiende a empeorar.
¿Qué necesitamos, pues para cambiar y mejorar?
¿Cuál será la fórmula, carajo?
PUNTO FINAL.- “Aquel hombre que pierde la honra por el negocio, pierde el negocio y la honra”: Quino.
Twitter: @Mauri_Zapata





