Para ser un país con una diversidad sociopolítica tan grande, el poder en México siempre se ha concentrado en unos cuántos órganos que mantienen el control sobre el país.
Un ejemplo nada grato es el del Senado de la República, cuyo poder real no existe; es controlado directamente por el PRI, al igual que el Congreso de la Unión. Otro, el de las facciones partidistas; el control de todos los partidos políticos menores se puede rastrear directamente al Revolucionario Institucional, Acción Nacional o Revolución Democrática.
La economía está en manos de Romero Deschamps; el desarrollo social (que actúa más como un organismo de caridad que como un auténtico motor de desarrollo a nivel federal) por organizaciones anónimas. Los burócratas sólo hacen fila para llenarse los bolsillos con el dinero de Carlos Salinas y el erario público.
El gran negocio de la burocracia enmascara los verdaderos trazos que dan forma y rumbo a la República. Existe el dinero y existe el poder; en la élite política, los más en México tienen dinero, pero unos pocos ostentan el poder.
¿Qué es el poder? Es una pregunta que todos nos hacemos a menudo. Una aserción es que el poder es el dinero o las posesiones. Otra, que el poder es el respeto o el temor ante otros. Otra, que es la autoridad. Sin embargo, el poder es mucho más simple que eso: El poder es el poder. Es la capacidad de hacer cosas, tan simple como eso.
Uno de los ejemplos más arrolladores del poder en México está con el Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación, una organización gremial que agrupa a las escuelas normales y a los profesores de la República. Tan grande es su alcance que la Secretaría de Educación Pública responde ante el SNTE, y no al revés.
Automáticamente, al empezar a trabajar en una plaza de educación, del sueldo del profesor se eroga una cuota para el gremio a cambio de su protección legal como miembro del consorcio, la cual podría o podría no llegar en el momento en que se le requiera. Si eso suena sospechosamente a un “cobro de cuota” (sí, de esos cobros de cuota), no es de extrañarse. Desde 1943, el SNTE opera sin aval del Gobierno Federal.
Esto se supo gracias al Sindicato Independiente de Trabajadores de la Educación en México; hecho un escrutinio de sus documentos a base de demandas, se encontró que a pesar de que en el SNTE hay miles y miles de profesores afiliados al organismo, su afiliación jamás fue declarada.
Empezando por Juan Díaz de la Torre, dirigente nacional del SNTE, y escalando hacia abajo, el gremio magisterial no es completamente legal ni transparente; eso quiere decir que en dado momento actúa sin la necesidad de comparecer ante figuras de autoridad federal porque no existe.
Y sin embargo, controla directamente las bases burocráticas de las escuelas públicas, los derechos laborales de los profesores, sus sueldos, sus locaciones de trabajo, sus condiciones de contrato y jubilación. Todo eso, sin existir legalmente.
Eso es el poder en su forma más brutal de expresión; la ley no te puede tocar porque no existes, pero tu agrupación da forma a la base laboral de cientos de miles de profesores en México, mismos que a su vez dan forma a la educación de los jóvenes en sus aulas.
Es en base a esta situación que el Sitem presiona con múltiples demandas a los líderes gremiales alrededor de la República. En el caso concreto de Tamaulipas, es la secretaria general Alma Delia Ortiz vs Rafael Méndez Salas.
El Sitem, a diferencia del SNTE, cuenta con el reconocimiento legal que lo avala a nivel nacional como sindicato de trabajadores. El SNTE, a diferencia del Sitem, tiene una gran ventaja de poder e influencia, tanta que el mismo secretario Diódoro Guerra es el primero en escudar a la Sección 30 que dirige Méndez Salas de los embates del Sitem.
Dicho sea de paso que el Sitem está luchando a contracorriente, contra el viento, de subidita y usando una honda para combatir a un fusil. Es una analogía contemporánea de David y Goliat. La diferencia más cruel entre la fábula bíblica y las luchas sociales de nuestra era es que David no siempre gana.
Adendum: La mayor prueba de que Dios existe es cuando te anda llevando madres de hambre y alguien cumple años en la oficina. ¡Pum, wey! Tamales para todos. En ese tenor, quiero felicitar al licenciado Óscar Pineda por su aniversario y agradecerle su paciencia y valiosas lecciones. Siga cumpliendo más años y más tamales, licenciado. ¡Felicidades!
Contacto
Correo: [email protected]
Facebook: Jorge T. Zertuche






