La emocional intervención política del Presidente Barack Obama al expresar su apoyo a la candidata demócrata Hillary Clinton sorprendió a muchos fuera de Estados Unidos, pero difícilmente alzó una ceja en ese país.
La idea de que el Presidente no sea partisano y permanezca por encima del debate electoral está fuera de la tradición política estadunidense.
De hecho, lo extraño sería que no lo hiciera.
La ley no prohíbe la intervención del Presidente en política, pero sí el uso de recursos públicos en favor del partido en el poder y su candidato, incluso cuando se trata del propio Presidente, cuando su campaña debe pagar una parte proporcional de cualquier desplazamiento o acción.
Además, en el caso específico de Obama y el candidato presidencial republicano,
Donald Trump, existe lo que ya es una larga historia de
antagonismo.
De entrada, el empresario fue por años uno de los principales promotores de la idea de que Obama no nació en Estados Unidos y por tanto, no es estadunidense.
De acuerdo con por lo menos una opinión, Trump inició verdaderamente su actual campaña a la presidencia de Estados Unidos en 2011, cuando se hizo eco por primera vez de las versiones de que Barack Obama no era un ciudadano natural de Estados Unidos.
Eso le dio credibilidad entre un sector de la población estadunidense. De acuerdo con encuestas presentadas por la cadena NBC, para 2009 44 por ciento de los republicanos estaban convencidos de que Obama no había nacido en Estados Unidos.
En 2015, el porcentaje era de 61 por ciento.
En 2011, Trump aseguró que había iniciado una investigación en Hawái, el lugar que Obama reclama como su tierra natal, y se habían encontrado “datos increíbles sobre Obama”, pero la información jamás se publicó.
Los rumores no fueron acallados ni cuando la Casa Blanca publicó el acta de nacimiento de Obama.
El 30 de abril de 2011, en la cena anual de los Corresponsales en la Casa Blanca, una fiesta considerada como el festejo del año en
Washington, Obama destazó con sarcasmos a Trump, que estoicamente debió aguantar con cara inexpresiva la ridiculización de que lo hizo objeto el mandatario.
Nadie está más contento, nadie está más orgulloso de terminar con este tema que Donald. Y eso porque ahora puede enfocarse en los temas que importan como por ejemplo: ¿falsificamos el alunizaje? ¿que pasó en Roswell (Nuevo México)? ¿Y dónde están Biggie y Tupac?”.
Cada uno de esos temas incluye una teoría de la conspiración: hay un grupo que sostiene que la Tierra es plana y el alunizaje de 1969 es un escenario trucado en
Hollywood; Roswell se refiere al pueblo de Nuevo México donde luego de la Segunda Guerra Mundial,
supuestamente, se estrelló un Objeto Volador No-Identificado (OVNI) y cerca del cual se encuentra la famosa ”Área 51”.
Tupac y Biggie eran dos cantantes de rap, presuntamente rivales, que murieron asesinados en circunstancias misteriosas en medio de lo que algunos plantean como rivalidad entre “raperos” de las costas este y oeste de
Estados Unidos.
Todos esos temas son recurrentes entre algunos sectores estadunidenses y frecuente objeto de burla de otros.
La evocación de Obama no terminó ahí. Acusó al empresario de no haber hecho una decisión más difícil que “despedir” de un programa al actor Gary Busey porque su equipo no cocinó bien una carne asada, en “The Apprentice” (el aprendiz) que estelarizaba Trump en la cadena NBC.
La tradición política estadunidense integra más casos de abierto respaldo del Presidente en turno hacia el candidato de su partido que al contrario, y de hecho cuando esto ocurre es motivo de especulaciones de todo tipo.






