Tomás Boy se marchó de inmediato de la cancha tras el silbido que cerró el empate a cero entre Cruz Azul y Querétaro. El técnico no esperó a ninguno de sus jugadores, que se fueron a despedir de la afición que los acompañó en el estadio Corregidora y vieron como su Máquina acumula cinco partidos sin victoria.
El Cruz Azul se ha convertido en un equipo predecible, tanto que el Querétaro aprendió que las jugadas al ataque de La Máquina siempre tenían que pasar por una de las bandas y luego terminar en centros al área, fáciles para el portero o defensa. No hay un jugador en La Máquina capaz de romper el script, de intentar un tiro desde afuera del área y hacer daño con un regate por el centro.
Los 23 minutos que el Cruz Azul jugó con un hombre más, por la expulsión de Édgar el Pájaro Benítez, sólo sirvieron para exhibir más al equipo de Tomás Boy. Víctor Manuel Vucetich se dio hasta el lujo de poner a jugar a Camilo Sanvezzo, que aún está fuera de ritmo, y no mover sus piezas en la defensiva hasta los últimos instantes del encuentro.
El único que defiende el orgullo de los cementeros es Joao Rojas, el número nueve que juega por la banda y se cansó de enviar centros, contenidos por Tiago Volpi y despejados por Miguel Martíez o Diego Forlín. La oportunidad más clara fue de Tito Villa, que en el segundo tiempo se escapó por el centro del área, aguantó el jalón del defensa y disparó al arco, salvó José de Jesús Corona.
Entró el Christian Giménez, Víctor Zuñiga y Omar Mendoza, para avasallar a un Querétaro que jugaba con 10 elementos y defendía un invicto de cuatro jornadas. Cruz Azul suma cinco jornadas sin victorias y parece un equipo sin sentido.






