¿Estamos en guerra? Esa es una pregunta que pulula entre varias mentes durante los últimos días, con los sucesos violentos en el sur y su repercusión en la sociedad mexicana.
Sin embargo, no hay que ir al sur para ver presentes los elementos claves que distinguen una guerra. El filósofo y sociólogo Georg Simmel describe la guerra como un conjunto de crisis catastróficas que representan un riesgo inmediato de miseria y muerte para el hombre.
Entre estas crisis, podemos señalar las siguientes:
1.- Ingobernabilidad. La federación mexicana, presidida por el Partido Revolucionario Institucional, enfrenta una cisma interna y un liderazgo a cuestas en la figura del presidente Enrique Peña Nieto, cada vez más decadente ante la opinión pública.
La fragmentación política ha traído consecuencias inmediatas para la sociedad mexicana, entre entorpecimiento de recursos y confrontaciones ideológicas. La clase gobernante, por atender sus asuntos privados, deja cada vez más en el olvido a la ciudadanía.
2.- Encarecimiento de alimentos. Al destinar fondos para contrarrestar una crisis se puede crear otra, y la peor que puede haber es la de un pueblo hambriento. El alimento no sólo es escaso, sino también caro, lo cual se aborda en el siguiente punto.
3.- Debilitamiento de la moneda. A consecuencia del conflicto, el flujo del capital se ve impedido y es cada vez más difícil de generar.
Por citar un ejemplo, desde los años setentas México dejó de ser un país agricultor y productor para concentrar su base económica en el petróleo. Con la caída internacional del crudo y la creciente deuda de Pemex, el país está matando la gallina de los huevos de oro, tras haber sacrificado a las otras para hacerlas pollito Quinsal.
El encarecimiento monetario provoca que sea cada vez más difícil sostener el estilo de vida que maneja el mexicano común, por lo que se ve obligado a bajar de grado cada vez. A esto, por cierto, se le llama generación de pobreza.
4.- Violencia. Para que este punto exista no es necesario un ejército invasor o una insurgencia rebelde. La violencia se presentará por sí sola una vez que las tres condiciones anteriores se materialicen.
La violencia, cabe mencionarlo, es uno de los instintos primordiales del hombre y las bestias por igual. Cuando la vida está amenazada, se recurre a la violencia para sobrevivir. Y eso exactamente es lo que ha pasado en los últimos años.
El incremento a las tasas de homicidio, robo, violación, asalto, despojo patrimonial y pandillerismo no es sino la consecuencia de un sistema incapaz de proveer la seguridad social necesaria para no tener que recurrir a matarse unos a otros.
Inclusive si las tres condiciones anteriores a este punto estuvieran en estabilidad, habría violencia. Reitero, es un instinto presente en la humanidad. Pero la tasa sería menor, exponencialmente menor.
Quizás no estemos oficialmente en guerra. Pero como si lo estuviésemos, con las amenazas sociales multiplicándose con cada día que pasa.
Simmel describe también, en su disertación, que incluso ante estas crisis puede haber estabilidad. Eso se logra únicamente mediante la cohesión social, cosa que para el Estado mexicano será tremendamente difícil: La escisión política y las rivalidades populares, desde las más profundas como el planteamiento de retroceso al modelo agropecuario a gran escala contra el modelo de generación económica internacional bursátil, hasta las más ridículas, como irle al Chivas o irle al América.
El ideal adecuado para la cohesión social es lo de menos; toda sociedad unida bajo un mismo propósito es próspera. El chiste, empero, es unir a la raza. Si eso no se logra primero, se chingó la marrana con todo y mecate.
EL DIABLO AMERICANO
Donald Trump visitó México. Lo primero que le dijeron fue que se metiera su muro por donde le quepa. Para variar, Peña Nieto hizo algo que me agradó: Decirle que no al yanqui. Trump le dijo: “Sí, hombre, ‘ta bueno”, y tan pronto estuvo de vuelta en Estados Unidos, lanzó de nuevo su perorata de que México pagara por el dichoso muro.
Hablando de guerras, si Trump llega a la presidencia de Estados Unidos (Dios guarde la hora) e insiste con lo del muro mentado, estaríamos encarando entonces una amenaza a la soberanía nacional. La insostenibilidad de una obra arquitectónica como esa ante el actual y venidero panorama económico devastaría a la nación.
La última vez que revisé, el encarecimiento irracional y forzado de una economía nacional amerita una ruptura diplomática y el establecimiento de un estado de conflicto. En ese caso, sólo hay tres resoluciones: El enfrentamiento bélico, la conciliación pacífica o la rendición de control del Estado.
En el panorama diplomático, volviendo al tema de mister Trump, su visita se vio marcada por una ola generalizada de desaprobación, tanto estadounidense como nacional. La principal consecuencia observable es el rechazo de sus compañeros de fórmula seguido de la deserción de los mismos en su campaña.
En México, Claudia Ruiz Massieu se lavó las manos y dijo que prefería ver si podían traer a Hillary Clinton, como si fuera payasita de rodeo para aplacar a las masas. Emilio Gamboa Patrón, coordinador priista del Senado, coincidió con ella en que un desaire de la ex primera dama al gobierno mexicano sería “desastroso”. ¿Desastroso para quién? ¿Para ella, para él o para México? Eso no lo especificó.
Miguel Ángel Osorio Chong, por su parte, dijo que la visita era para sensibilizar a Trump, lo cual salió de perlas (es sarcasmo) con el yanqui, que salió de territorio nacional recitando el romano “Veni, vidi, vici”.
Con esas reacciones, ya estuvo que no se buscó conciliación o guerra armada si Trump llega a la presidencia y exige su glorificada barda antiinmigrantes: Pasarán derechito a la rendición incondicional del territorio nacional, como lo habría hecho el cobarde Santa Anna hace dos siglos.
Adendum: Dejen por favor de comparar a Donald Trump con Adolf Hitler. En serio. Es tan ridículo como comparar un tronador de la feria con un cartucho de dinamita. ¿Por qué? Porque el discurso de Hitler promovía los valores nacionales del trabajo, la estabilidad y la camaradería. Su plan de gobierno tuvo como resultado la transformación de un país en la ruina en una potencia internacional en tan solo una década. La segregación en la Alemania nazi fue una consecuencia; en el discurso de Trump, es un eje prioritario. Hitler fue un militar condecorado, un hombre culto y estudiado que convivió con sus enemigos declarados antes, durante y después de ascender al poder. Trump nunca rindió su servicio militar, jamás ha estado cerca de un grupo de estudio latinoamericano y sus cualificaciones académicas no están ni cerca del ámbito político y humanista. Una cosa sí que tienen en común: Los dos están rodeados de lameculos. Y eso al final llevó a Hitler a la ruina.
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