Un indicativo de que no han cejado la inseguridad y la violencia en los últimos 16 años en la república mexicana, es el índice de 718 bajas de militares que tiene documentada la Secretaria de la Defensa Nacional. A la par también se reconoce la muerte de 50 ciudadanos ajenos a los enfrentamientos entre la tropa y civiles armados.
La mayoría de la milicia fallecida se registro durante los gobierno de los ex presidentes Felipe Calderón y Vicente Fox, cuyo remanente de este último alcanzo al presidente Enrique Peña Nieto, que de acuerdo al mismo reporte sumaría 114 bajas de elementos castrenses. Lo más seguro es que durante su gestión rebase en esos índices al ex presidente botudo, porque aún le faltan dos años de su administración y las muertes de militares durante el foxismo fueron del orden de los 145 fallecidos. Mientras que en tiempos del ex presidente Felipe Calderón la cifra de militares se disparó a 359 difuntos.
La información dura respecto a las bajas de elementos castrences es una señal de que la milicia está en la primera línea de los combates, no así las policías “certificadas” en las que los estados aseguran haber invertido millonadas de recursos. Y que según testimonios de la tropa son los menos confiables y los primeros en evadir a sus atacantes.
En están entidad es una de las regiones donde una cantidad importante de militares, que forman parte de esas cifras de la Sedena, han perdido la vida y de los cuales en su mayoría no se han difundido, por razones de estrategia militar. Un mando llego a revelar en la última década, que la lucha es real en esta región.
Asimismo en el cumplimiento de los protocolos del nuevo sistema penal acusatorio, las policías creadas para esos fines, es la que mayormente ha incumplido con esta encomienda y por lo mismo, aunque pareciera contradictorio por su formación, es la milicia la que ha incurrido en menos ilícitos que violenten los procesos del nuevo sistema.
Este sería uno de los motivos por los que un comandante y un policía estatal implicados en la muerte de un joven originario de Tula, Tamaulipas, podrían obtener la libertad absolutoria. Porque fueron detenidos y encarcelados por sus propios compañeros, sin la orden de una autoridad, en este caso por el juez de control.
Que ciertamente los policías estatales también han fallecido en la lucha, pero son más los han muerto por accidentes automovilísticos o han quedado con alguna capacidad diferente a consecuencia de su falta de pericia para conducir las patrullas en las que desempeñan sus tareas.
Una evidencia de esto último son la decenas de patrullas que la secretaría estatal de seguridad pública está “desapareciendo” del complejo de seguridad, con motivo de la entrega recepción, donde en la última semana en tráiler doble semi remolque han hecho las movilizaciones de unidades. Una de ellas fue remolcada por un vehículo particular, con dirección al norte de la ciudad.
Pero el hecho de que la milicia tenga bajas en sus filas, no solo de tropa sino también de mandos, oficiales y cadetes es un indicativo de la resistencia que impone la inseguridad en la región tamaulipeca, motivos suficientes hay para que las policías que se capacitan para dar cobertura a la demanda de seguridad y reemplazar a los militares, sean formados bajo contenidos firmes basados en los derechos humanos y sustentados en un espíritu nacionalista y eminentemente ciudadano.
De nuevo con el caso Tula, en el que los motivos de la persecución de la policía fue porque los jóvenes ingerían bebidas etílicas. Pero resulta contradictorio que habían sido detenidos y revisados por los militares, pero estos los dejaron en libertad.
Sera acaso que los militares tienen criterios íntegros de los que carecen las policías certificados? O bien, entiende que su función no es detener parranderos, sino recuperar la seguridad.






