Ciudad de México.- Ante decenas de miles de personas, Roger Waters cimbró el Zócalo de la Ciudad de México con un mensaje que leyó dirigiendo la mirada hacia Palacio Nacional: Señor Presidente, sus políticas han fallado, escuche a su gente. Los ojos del mundo lo están observando.
En punto de las 20 horas, una descomunal explosión de adrenalina, sudor, alaridos de alegría y música exquisita se inició en la Plaza de la Constitución. Roger Waters imprecó: Speak to me y en seguida instruyó a la masa: Breathe, breathe in the air… y así comenzó el concierto de todos tan esperado. La piel erizada, el grito a todo pulmón. Alegría descomunal.
¡Hola!, dijo Roger Waters al borde del proscenio y así dio por iniciado el vastísimo ritual.
A esas dos piezas iniciales siguió Set the controls of the heart of the sun y ya para entonces la plaza principal del país se había convertido en el nirvana del sonido, en la Meca de las artes visuales, donde todo es éxtasis y alegría. Y así el Zócalo se convirtió en un sueño.
No hay espacio entre persona y persona, cada cuerpo se amolda al de al lado y a los otros cuerpos, como pólipos, poliedros de ángulos romos, polímeros anónimos. El público de Roger Waters estuvo conformado esta noche por un solo cuerpo: uno de miles de personas. Ni el mismísimo George Orwell hubiera imaginado esto.






