El festejo del pasado sábado por la tarde en Casa Tam sirvió no sólo para refrendar el rostro humanista de la actual administración estatal, sino para justificar con hechos la razón de dejar atrás la denominación del inmueble que durante decenas de años se conoció como Casa de Gobierno, cuando lo correcto era casa del gobernador.
Abrir las puertas de la casona del kilómetro 701 de la carretera México-Laredo a los niños de todas las casas hogar del estado, puede ser considerado sin duda como el evento gubernamental más relevante el año, lógico está después de la histórica asunción al poder del gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca.
A esto hay que sumarle la creciente y consolidada empatía de Mariana Gómez de García con las familias tamaulipecas, lo que ha logrado sin poses ni apariencias engañosas de las que está cansada la población más desprotegida, que es el objetivo del trabajo que desarrolla el Sistema DIF Tamaulipas.
Y es que esta posada junto a menores que por circunstancias de las que no son culpables, no tiene precedente porque viene a mostrar una faceta distinta del gobernador y su esposa que hasta ahora sólo se circunscribía a la foto para el boletín, a la almidonada agenda de la primera dama que en los últimos años se desarrollaba prácticamente en privado.
Atrás, ese es mi deseo y estoy seguro que no sólo mío, quedarán los eventos en que era prácticamente una misión imposible un saludo o abrazo no programados, autorizados o prefabricados, a la esposa del Gobernador.
Francisco y Mariana han entendido muy bien eso y la mejor muestra es que se acabaron los desplantes.
En contraste vale decir que la sencillez mostrada por el matrimonio García Gómez requiere, por fuerza y para salvaguarda de su forma de ser, de un aparato de seguridad que más que cuidar al que manda, cuida a quienes escuchan, atienden y sobre todo no andan en la nube del poder.
APUNTE.- Todo lo que se ha dicho en torno a las becas y créditos educativos que se otorgaron en la pasada administración estatal, puede tener cierta dosis de verdad, pues aunque pudieron existir situaciones irregulares no son suficientes para asegurar que la mayor parte de los apoyos se dieron a quienes no los necesitaban o, lo que es peor, no los merecían.
Afortunadamente ya va de salida la moda de declarar que todo está podrido, en su lugar se ha dado paso a la implementación de medidas que pese a no ser algo del otro mundo, permitirán dar más transparencia a este tipo de programas que es a final de cuentas la demanda más sentida de los padres de familia.
No se puede soslayar que se encontrarán más casos de alumnos que tienen una beca porque la merecen y la requieren, que aquellos que por su estatus económico se considera, subjetivamente, no debieron obtenerla pese a que académicamente está justificada y eso seguramente se verá en la lista de becarios que se publicará en el Periódico Oficial de Estado.
Ahora bien, más que cambiarle el nombre a los programas de becas lo que se requiere es apoyarse en los propios docentes, que son a final de cuentas quienes, en el campo y no en el escritorio, no sólo conocen la situación alimentaria y socioeconómica de sus alumnos sino que incluso de su bolsa los ayudan a paliar sus necesidades.
PENDIENTE.- Pensé, como reportero, que habían terminado las fastidiosas poses de perdonavidas que pedían concluir una entrevista, con el clásico “gracias compañeros”… pero el viernes regresaron.
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