Nueva York.- Rusia continúa dominando a Estados Unidos en el debate poselectoral con un magno escándalo político, financiero y sexual de quien será investido como el presidente 45 de Estados Unidos en ocho días, y con interrogatorios e investigaciones en Washington sobre la mano de Moscú en los asuntos políticos de la última super potencia.
El presidente electo, Donald Trump, y su equipo, continuaron acusando a las agencias de inteligencia de Estados Unidos y a los medios de comunicación por la filtración y promoción de un dossier secreto que concluye que la inteligencia rusa cuenta con material comprometedor –que incluye grabaciones de audio y video– sobre relaciones de negocios y aventuras sexuales del magnate en Rusia. Se insinúa que este material podría ser empleado para chantajear a Trump, pero también revela posibles contactos entre representantes del magnate y el gobierno ruso en torno a la elección presidencial estadunidense.
En parte por este asunto, el tema de mayor atención en las audiencias en el Senado para ratificar a los nominados al gabinete de Trump han sido en torno a sus posiciones y opiniones sobre el gobierno ruso.
En las audiencias de hoy, el general retirado John Mattis, designado para secretario de Defensa, y Mike Pompeo, para director de la CIA, asumieron posturas sobre Rusia marcadamente diferentes a las de su próximo jefe, quien ha rehusado asumir una posición crítica y hostil hacia Moscú. Mattis afirmó ante los senadores que considera a Rusia la primera entre las principales amenazas para Estados Unidos, y aseguró que está dispuesto a confrontar a Moscú si es necesario. Pompeo comentó que una Rusia cada vez más agresiva amenaza a Europa. Algunos observadores indicaron que nunca habían observado a potenciales integrantes de un gabinete expresar posiciones tan divergentes de las de su próximo jefe.
La primera conferencia de prensa en casi seis meses convocada por Trump el pasado miércoles fue descarrilada por el tema del dossier secreto con espectaculares aseveraciones, que incluyen posibles conspiraciones para manipular la elección estadunidense en contra de Clinton, posibles tratos de negocios, y actividades sexuales perversas de Trump con prostitutas en la suite presidencial del hotel Ritz Carlton en Moscú (y posiblemente otro encuentro sexual en otra ciudad Rusa) en 2014.
Un resumen de dos cuartillas del dossier fue incluido en documentos entregados por las agencias de seguridad en su briefing de inteligencia a Barack Obama y a Trump la semana pasada, algo que CNN reportó la noche del martes de esta semana, pocas horas antes de la conferencia de prensa. Buzzfeed decidió publicar las 35 cuartillas del dossier esa misma noche.
En la conferencia de prensa, Trump y su equipo condenaron a los dos medios por difundir lo que llamaron noticias falsas y fabricadas, elaboradas por sus enemigos políticos aquí, pero también acusaron que las agencias de inteligencia habían filtrado que ese material se había presentado a Trump, algo que el presidente electo calificó de maniobra al estilo de la Alemania nazi.
Nunca se ha visto públicamente una disputa de este carácter, en la que un presidente electo acusa, cuestiona y denigra a las agencias de inteligencia que pronto trabajarán para él, supuestamente.
La noche del miércoles, James Clapper, director nacional de Inteligencia –o sea, el jefe de esa comunidad de inteligencia– emitió una declaración en la que deploró la filtración de lo que se había incluido en el briefing, y subrayó que el documento no era producto de la inteligencia estadunidense, y que las filtraciones no fueron de esta comunidad. Afirmó que estas agencias no han concluido que la información sea confiable, pero que se incluyó en la presentación por considerarse un asunto que podría afectar la seguridad nacional.
Pero esta mañana Trump emitió un tuit en el que distorsiona el mensaje de Clapper, y afirmó que éste me llamó ayer para denunciar el informe falso y ficticio que fue difundido ilegalmente. Pero Clapper nunca denunció ni calificó de falso el informe.
Mientras tanto, varios influyentes legisladores –entre ellos los senadores republicanos John McCain y Lindsey Graham– siguen proponiendo una comisión legislativa de investigación sobre la mano rusa en las elecciones estadunidenses.
A la vez, hay indicaciones de que la FBI, entre otras agencias, continúan investigando la veracidad de las afirmaciones del dossier, y sobre todo los vínculos de allegados de Trump con funcionarios rusos.






