Ciudad de México.- En los minutos finales Cecilio Domínguez mató las aspiraciones de los Pumas de quedarse con un empate ante el América, después de levantarse de un 2-0 en contra. Una jugada de vértigo del paraguayo, que firmó con un zurdazo, le dio la victoria de 3-2 a las Águilas en el Clásico Capitalino.
Casi cinco meses pasaron para que Pumas perdiera en su cancha, pero lo que le duele más es que lo hizo ante el acérrimo rival, quien no pierde en CU desde el Apertura 2011, en torneo regular.
Paco Palencia tenía muy claro que ante América no se podía guardar nada, por lo que optó por salir con toda su artillería , con su hombre, Nicolás Castillo, al frente.
El discurso de los felinos fue el mismo: tuvieron oportunidades, pero les costó trabajo concretar la última jugada. Castillo falló una ocasión clara ante Agustín Marchesín que pudo cambiar todo.
Ricardo La Volpe supo mover su piezas. Apostó por el joven Diego Lainez desde un inicio, y éste le hizo ver la suerte a Jesús Gallardo y Darío Verón.
América tiene la clave para estos partidos y fue letal en las que tuvo. Silvio Romero marcó el primero para los de Coapa tras una asistencia de Oribe Peralta (33’).
En jugada colectiva, donde se presenció un jalón sobre Gerardo Alcoba del Cepillo, que el árbitro Marco Antonio Nava no señaló, cayó la segunda anotación para los azulcremas por conducto del propio Peralta (45’).
El segundo tiempo fue de unos Pumas revolucionados. El equipo de Palencia descontó, gracias a un centro de Van Rankin que encontró Nicolás Castillo, quien, con un testarazo, hizo que CU despertara.
La inteligencia es notable del jugador chileno, pues sabe estar en el momento y jugada exacta. Así se mostró en el empate. Barrera lo encontró para que pusiera el 2-2 con un tiro cruzado que Marchesín acabó por comerse.
Pumas no bajó los brazos, buscó el triunfo, pero Marchesín evitó dos tantos que pudieron inclinar el partido al lado felino. Sin embargo, Cecilio Domínguez sentenció el encuentro con un zurdazo (82’), para meter a las Águilas en la lucha por la liguilla y mantener la hegemonía sobre el equipo universitario en partidos que se juegan en el Estadio Olímpico.






