La renuncia de Lydia Madero a la Secretaría de Salud a nadie sorprende, al contrario, la opinión generalizada es que esa renuncia llegó muy tarde.
Desde que inició la administración del gobernador Cabeza de Vaca las apuestas indicaban que sería la primera en ser cesada, o bien, la primera que se bajaría del barco de manera voluntaria.
Y la especie se confirmó desde aquella polémica declaración: “Yo no vine a curar gente, vine a curar el sistema”.
Lo malo del asunto es que el sistema seguía enfermo y la gente, que se enfermaba poco, se enfermó más y no había manera de curarlos porque los hospitales no tenían medicamentos y peor aún, se estaban yendo los médicos.
A lo largo de estos poco más de seis meses al frente de esta dependencia tan delicada, estuvo envuelta más en la polémica que en los resultados en esa área tan sensible.
Tuvo muchos errores.
El primero de ellos fue llegar con actitud arrogante. Y en medio de esa soberbia, no enmendó los errores del pasado, que hay que reconocer, eran muchos.
Se dedicó a hostigar al personal. Corrió a gente a diestra y siniestra. Tardó en dar nombramientos claves en esa dependencia que le urgía gente que supiera manejar el área médica.
Su perfil profesional era lo de menos. Lo importante era rodearse de gente que supiera del tema mientras ella se dedicaba a “curar al sistema”. Y lo hizo, pero tardó mucho, sin embargo, no dejaba que nadie tomara decisiones. No les dio la confianza para programar, planificar, planear y realizar acciones.
Corrió a médicos competentes. Bajó el sueldo a gente especializada. Le suspendió el salario a personal operativo y eso mermó muchísimo en la dependencia.
En Salud eran ella, ella y después ella. Y eso, en materia de sanidad, no puede ser.
No se le regatea su colmillo en materia política, pero no los supo aprovechar para la Secretaría de Salud y repuntaron enfermedades que estaban controladas.
Fracasó. Así de simple.
El cese o renuncia llegó tarde.
Lydia Madero llegó ahí gracias a sus influencias con Diego Fernández de Cevallos, pero no supo aprovecharlo. La regó. Se creció demasiado y no dio resultados.
Dicen por ahí que una persona inteligente se sabe rodear de gente, quizás, más inteligente para que su labor rinda frutos, y ella, a pesar de que sí se rodeó de gente capaz, no los dejó hacer.
El zika aumentó cuando Tamaulipas era una de las pocas entidades sin casos. El dengue subió. La hepatitis se desató. Hubo un incremento en casos de padecimientos que hacía mucho no se daban en Tamaulipas.
De eso y de su fracaso no puede echarle la culpa a las administraciones pasadas porque los números no mienten.
Lydia Madero pudo haber rendido más en otra área más acorde a su perfil, pero en Salud, no. Allí demostró no tener capacidad y se convirtió en la primera en bajarse del barco “del cambio” y su trabajo, para nada es de presumirse.
Se va por la puerta de atrás. No dejó huella y ahora a enfrentar esa historia en su trayectoria.
¿Quién para Salud?
Hasta el momento no se sabe nada, sin embargo, fuentes extraoficiales dan por un hecho que será nombrado Mario Encarnación Cantú Salinas, pero tampoco se descarta a Alejandro García Barrientos, personas de capacidad probada y médicos de profesión. Ambos siempre trataron de enmendarle la plana a Lydia Madero. Pero también suena Xicoténcatl González Uresti, un hombre sensible y con muchos conocimientos y que en poco tiempo ha logrado transformar al Hospital General para bien.
Este cambio en el gabinete debe ser benéfico. Para nada es un fracaso en el gobierno actual, siempre hay cambios y el primero casi siempre se da entre los primeros seis meses.
Pero el que venga para Salud sí debe dar resultados pronto. Ya no estamos en la etapa de aprendizaje.
Estos son los titulares de Salud en Tamaulipas en los últimos 25 años y la mejor evaluación de ellos la tiene usted.
Lydia Madero, Norberto Treviño, Juan Manzur, Rodolfo Torre, Héctor López, y Carlos Castro Medina.
PUNTO FINAL.- “Gobernar es rectificar”: Confucio.
Twitter: @Mauri_Zapata





