Roma.- La mañana del pasado domingo 9, el día que los policías que lo seguían iban a aprehenderlo, Tomás Yarrington estaba en la ciudad de Paula, en la sureña Calabria, una de las regiones más peligrosas de Italia y cuna del grupo criminal la ‘Ndrangheta calabresa.
Yarrington ocupaba una vivienda alquilada en la avenida Dei Giardini, a pocos metros de una comisaría de policía, en un barrio residencial de esta pequeña ciudad costera de poco más de 16 mil habitantes. En el primer piso de esta residencia el exgobernador de Tamaulipas se había instalado hacía pocos meses, revelan a Proceso fuentes cercanas al caso.
Allí Yarrington mantenía también algunas pertenencias que encontraron los policías en un allanamiento posterior a su detención: un pasaporte con su verdadero nombre, relojes de lujo y una computadora, entre otras cosas. “Parecía un don nadie. Iba bien vestido, se mostraba como un señor amable y discreto”, cuenta uno de los agentes consultados para este trabajo. “No hacía vida de fugitivo. Pasaba desapercibido, como un jubilado más”, precisa después Luigi Rinella, quien coordinó la operación de localización y captura del prófugo mexicano.
Tan tranquilo estaba Yarrington que incluso se había conseguido un perro. “Y no sólo eso, también frecuentaba un gimnasio”, puntualiza Arcangelo Badolati, un veterano periodista de la Gazzetta del Sud y quien ha estado detrás de las huellas de Yarrington desde que se conoció la noticia de su presencia en Italia.
Según la reconstrucción de Badolati, la vivienda en la que se refugiaba Yarrington en Paula había sido alquilada mediante una agencia inmobiliaria sobre la cual hay pesquisas en curso.
“No había mucho lujo”, dice otro policía que, sin embargo, no quiso precisar si la casa –ahora inaccesible– tenía cámaras de seguridad u otros mecanismos para agilizar una eventual fuga. Con toda probabilidad el alquiler no era alto, en una zona donde las rentas rondan los 300 euros mensuales.
La orden de localización y detención de Yarrington le llegó a la policía italiana en febrero por una alerta, emitida a través de la Interpol, del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos y en particular del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de ese país.
La alerta, transmitida a la División de Cooperación Internacional de la policía italiana, activó el trabajo de sus unidades móviles. La pista surgió de la esposa de Yarrington, María Antonieta Morales Loo. A ella, según el relato de los estadunidenses a la policía italiana, la habían localizado en Roma en una fecha no precisada del año pasado.
Además, el 26 de diciembre de 2016 Yarrington fue interceptado en Calabria en un control de tráfico de rutina de los carabineros, en el pueblo costero de Scalea, a pocos kilómetros de Paula. Fuentes policiacas confirman que viajaba en un automóvil Audi A5, cuyo propietario resultó ser un italiano cuyo hijo tiene una relación con una mexicana.
Interrogado en ese momento, Yarrington mostró a los carabineros una licencia de manejo. “José Ángel Márquez Pérez”, se leía en el documento. Los agentes introdujeron el permiso apócrifo en su base de datos. No apareció nada y el prófugo se libró de ser arrestado. “El hecho de que sólo necesitó presentar ese documento para engañarnos se debió a que en Italia nadie lo buscaba, pues nadie había emitido la alerta”, explica Rinella.
Se desconoce si Yarrington siguió usando ese vehículo, aunque algunas fuentes apuntan a que sí, que el automóvil había sido comprado pocos meses antes y que incluso lo habría usado para desplazarse, recorriendo la autopista de Salerno-Reggio Calabria, hasta la región italiana de Campania, hogar de otra mafia, la Camorra Napolitana.
Tampoco hay certeza de cómo y cuándo Yarrington llegó a Italia, ni qué hizo mientras estuvo aquí. Las autoridades italianas afirman no tener registro de que ingresara por una de sus fronteras, lo que sugiere que ya estaba en Europa y se desplazó al país aprovechando el Acuerdo de Schengen, que permite el libre movimiento de los ciudadanos en el territorio de la Unión Europea.






