San Fernando, Tamaulipas.- A 72 horas del homicidio de la activista y defensora de los Derechos Humanos, Miriam Elizabeth Rodríguez Martínez, a esta ciudad le renació el miedo.
“Yo me siento impresionada de ver tanto, escuchar tanto de ella. Ayudó a mucha gente, lo pueden preguntar”: hijos.
La escolta de policías federales y ministeriales que asignaron a los representantes del alto Comisionado de la ONU para estar en este lugar, auguraba el ambiente que se vería.
Ellos, acompañados de la subsecretaria de gobierno Gloria Garza, viajaron en carretera a San Fernando y regresaron por la misma vía poco después de las 13:00 horas.
Para entonces, el velatorio “Cristo Rey” que se ubica en las calles Dalia entre Rosal y Margarita en el Centro de esta ciudad, ya está bajo la fortaleza de la Policía Estatal y Ministerial.
Las calles fueron cerradas aquí, lo mismo que en la casa de la primer activista asesinada en Tamaulipas.
Miriam, vivía en la colonia Paso Real de San Fernando y en su casa la noche del 10 de mayo, recibió doce impactos de bala que perforaron su cuerpo. Murió en el Hospital General.
El calor agobia, lo mismo que en muchas ciudades de Tamaulipas, pero aquí cala sol, la sed, el dolor que hoy se vive.
Al lado de la capilla donde le lloran a Miriam, está Jesús Martínez Pérez, un joven de quien lamentan su muerte, también asesinado.
La gente dice que aquí no vienes a llorar a los muertos que murieron por enfermedad o de viejos, vienes a llorar a los que mataron. Es una ola de violencia general, expresa Martha Jiménez.
La gente miraban a Miriam como “una defensora, era valiente para poder gestionar”.
Un viejo profesor que le dio clases en la adolescencia a la activista de los Derechos Humanos, platica con el reportero mientras se aleja del velatorio.
“Desde entonces era una mujer con liderazgo”, lo dice y lamenta que su ciudad este hoy padeciendo esta crisis de violencia.
¿Desde cuándo se vive así?
“Estos movimientos han existido siempre pero se vinieron a complicar con -Felipe- Calderón, cuando sacó a las militares a las calles”.
-Los maestros como líderes sociales, ¿cómo pueden contribuir a cambiar esta cultura?
“Esto es un trabajo de todos, pero quienes manejan son los que tienen el poder y tienen la autoridad y generalmente esos no sufren las consecuencias.
“Esta niña pudo haber sido protegida y no la protegieron, pero los funcionarios… cuanto más alto sea el poder, ellos están completamente protegidos, la indefensa es la sociedad”.
¿Cómo era Miriam?
“Como cualquier niño que termina la secundaria de su edad. A ella se le veía madera de líder”.
¿Cómo era San Fernando aquellos años?
“Tranquilo, como tranquilo era él paìs, aunque no llevará los mismos apellidos la gente, era una sola familia, y ahorita ya no, priva la desconfianza.
“San Fernando está en el abandono por eso, los ranchos están abandonados, ya no tenemos ganado, la agricultura sigue siendo temporalera”.
Nadie pasa desapercibido en esta zona del municipio. Cerca de las 14:00 horas la gente sigue llegando a la capilla. Han salido de sus trabajos y dan el pésame a Don Luis Salinas, el esposo de Miriam.
Por momentos, caminaba hacia el féretro, contemplaba a la mujer, tocaba el vidrio del ataúd.
La gente seguía llegando con flores, coronas que las recargaban en la pared, como si fueran ellas, las guardias.
Frente al féretro, en la primera fila, hay un sillón, ahí están sentados dos de los hijos de Miriam. Luis y Azalia, están destrozados.

Ella misma admite, esta sorprendida de lo importante que eran las actividades de su madre.
Incluso, en lugar de yo darle fortaleza, ella me sacaba las fuerzas para salir juntas de lo que vivimos, menciona Azalia.
“Ustedes saben por lo que hemos pasado”.
No era necesario recordar los detalles, Luís era directo. “Tenemos que pensar lo que viene, ahorita no tenemos cabeza para pensar”.
Azalia: “No sabemos qué pasó, para este momento nadie está preparado, ella era quien nos mantenía de pie, la fortaleza de nosotros era ella”.
“Yo me siento impresionada de ver tanto, escuchar tanto de ella. Ayudó a mucha gente, lo pueden preguntar”.
Y sí, en una de las sillas, está una mujer que no le quitaba la mirada al féretro. Ella, es madre de un joven que desapareció en en esta ciudad.
Lo más grave, señala, en la Agencia del Ministerio Público le perdieron el expediente.
“Nunca apareció el expediente, ella me ayudó, ha sido una buena gente”.
¿Qué va a pasar ahora?
“No se, ella nos ayudaba, nos abría la puerta en donde buscábamos explicaciones, ahora no sabemos qué pasará”.
Así quedan muchas interrogantes aquí, ¿Qué va a pasar ahora?.
Y se hace una exigencia: ¡Justicia!, ¡Justicia para Miriam!.
Las palabras salieron, una de su familia, otro de seguidores de Colectivos.
Por aquí, todos tienen una historia que contar, desde los 72 muertos de San Fernando hasta el caso de Miriam, la primera activista asesinada en Tamaulipas.






