Juan Antonio sale de su casa a las 7:30 de la mañana. Se pone el casco. Se para sobre el pedal de encendido y de un brinco prende la motocicleta. Se abrocha el caso. Sube a una niña delante de él. Al niño lo pone a su espalda. Su esposa va atrás del pequeño y así inician el día.
Salen por una calle casi solitaria, luego toman una avenida un poco más transitada para cinco minutos después agarrar la Calzada Tamatán, justo en la hora pico.
Él tiene experiencia en las motos. Desde los 17 años trabaja como repartidor para distintas compañías. A sus 36 años, se dice experto en la conducción de estos vehículos.
Sin embargo, su sueldo, desde entonces, es muy bajo. No le alcanza para comprar un carro y su familia ha crecido. Tiene dos hijos y su esposa. El mayor va en tercero de primaria, la menor está en preescolar y su pareja trabaja en las mañanas en un centro comercial.
Para llevar a los niños a la escuela y a su mujer a su empleo tendría que usar hasta cuatro micros del transporte público: dos de ida y dos de regreso. Esto le implica gastar más de cien pesos diarios que se traducen a más de dos mil pesos al mes.
Él gana cuatro mil 500 pesos mensuales, además de algunas prestaciones que le dan en su trabajo como vales de despensa, comida y “algo” para la gasolina.
Al darse cuenta que el comprar una moto en abonos, gastaría menos de la mitad de lo que destinaba para el transporte público con todo y la gasolina y además llega más rápido y a donde ellos quieran ir decidió por hacerlo.
Y así como Juan Antonio, hay decenas de familias de clase media baja y baja. Es decir, que la moto ha venido a solucionar sus problemas de transporte y este vehículo ha ido en aumento en Ciudad Victoria.
Según Toño, como lo conocen en su chamba, con su aguinaldo del año pasado dio en Coppel el enganche para su moto: tres mil pesos. El resto lo paga en abonos de 800 pesos mensuales y gasta 200 pesos en gasolina al mes.
Hasta el momento, no ha sufrido algún accidente, pero cuenta que es muy peligroso porque los conductores de los autos y los choferes de los micros son “muy salvajes” y no respetan a los motociclistas.
No obstante, reconoce que también a ellos, los motociclistas, les ha dado por meterse entre los carros y esto genera más posibilidades de accidentes.
Según autoridades de tránsito, los accidentes en los que se ve involucrada una moto han aumentado hasta en un 45 por ciento. Y cómo no iba a ser de esa manera si el padrón de estos vehículos se incrementó en un 50 por ciento en la entidad, según datos del Inegi.
El asunto es que en Ciudad Victoria sigue sin haber cultura vial y a pesar de que los accidentes siguen creciendo, las autoridades no han hecho nada al respecto.
El reglamento de tránsito se ha ido modificando, sin embargo, no ha sido lo suficiente para que los conductores tengan cultura vial.
La mayoría sigue manejando como si en Victoria hubiera sólo tres mil coches y no hubiese tránsito, sobre todo en horas pico. Seguimos siendo una ciudad con bajo nivel de cultura vial y no queremos aprender a manejar.
Seguimos creyendo que entre más rápido se maneje, se conduce mejor. Seguimos creyendo que entre mejor nos metamos entre los carros, somos mejores pilotos y no es cierto. Una cosa es acelerar y tomar el volante y otra saber conducir.
Pocos respetan los límites de velocidad. Pocos respetan los señalamientos viales. Pocos respetan los espacios de los peatones. Son pocos los que saben que esas líneas amarillas no son para parar el carro cuando el semáforo está en rojo. Son pocos los que saben que luz amarilla es para prevenir, al contrario, creen que es para pasar más rápido la calle.
Pero como el multar a la población por no respetar el reglamento es una acción que les quita popularidad, se hacen como el tío Lolo.
Urge crear en Victoria y en Tamaulipas una cultura vial. Urge enseñarle a la gente a manejar. Urge que los motociclistas respeten el reglamento y que los automovilistas los respeten a ellos. Urge poner en orden a los choferes de micros y urge que las autoridades se pongan a trabajar en ello.
De lo contrario, seguiremos siendo una ciudad sin cultura vial.
En cinco palabras: Creen que sancionar es recaudar.
PUNTO FINAL.- “Nada hay que dé tanto valor como la justicia. La fuerza sólo da un valor artificial”: Ignacio Manuel Altamirano.
Twitter: @Mauri_Zapata





