En la anterior colaboración dábamos cuenta sobre lo que viví de niño en la Ciudad de México con el sismo de 1985 que estremeció y sigue estremeciendo al país.
Para la réplica del 20 de septiembre, que se sintió igual que el terremoto de un día antes. Para entonces ya la ciudad estaba devastada, lastimada, destruída.
De la casa de mi abuela nos salimos a la explanada de la delegación Benito Juárez, el lugar más seguro en ese momento, hoy por cierto, habilitado como un albergue para damnificados.
No había luz. Las sirenas de los vehículos de emergencia no dejaban de sonar y cuando uno escucha tantas sirenas, independientemente de la edad, se espanta… se asusta.
Tardamos más de una hora en la calle, el edificio donde vivía mi abuela estaba bien y nos regresamos.
Días después, mi papá nos llevó a mis hermanas y a mí a dar una vuelta por las zonas destruídas. Teníamos una Brasilia 74, y en ese carro vimos edificios tirados; gente viviendo en las calles. La ciudad tenía un olor peculiar, un olor a muerte y a tristeza.
Recorrimos la Roma, la Obrera, San Antonio Abad, el Centro Histórico, la Doctores, Álamos, Portales, Narvarte, Condesa y si mal no recuerdo algunas cercanas al Aeropuerto y vimos como una ciudad tan grande se veía tan chiquita ante la tragedia.
Vimos edificios emblemáticos tirados, como parte de Televisa Chapultepec, el famoso hotel Regis, el edificio de las costureras, el multifamiliar Juárez. Pasamos por el entonces Parque de Béisbol del Seguro Social (hoy una enorme plaza comercial), en donde concentraban cuerpos sin vida y se percibía ese olor a muerte.
Aquella Ciudad de México imponente, estaba derrumbada, pero ya se estaba levantando
Y ahora, 32 años después el panorama es similar, aunque ahora la gente está mucho más preparada para la tragedia.
Tan es así, que ahora sobra ayuda. Sobra ánimo. Sobra unidad. Sobra solidaridad. Sobra gente. Sí, hay muchos concentrados en la Ciudad de México y hay lugares en donde se requieren más manos.
A mí me parece que ahora la tragedia fue menor. O no sé. A los 11 años quizás es más impresionante lo que se ve que a los 43 años. Sin embargo, veo que la ciudad sigue firme; con miedo, sí; pero firme.
Me parece que hubo más muerte y destrucción hace 32 años que ahora.
Lo cierto es que las necesidades de ayuda son diferentes.
Y otra más, si van a apoyar, apoyen con otros productos. Me tocó ver que el agua y la comida hay de sobra. No falta. Hay suficiente.
Lo que se requiere es material de curación, jeringas, cascos, cubetas, palos, picos, pinzas, cuerdas, cinta adhesiva, lonas, impermeables, ropa para la gente que está en los albergues y las mismas ganas de siempre. Eso es lo que urge.
Lo que sí es un hecho, es que tanto un temblor, como un huracán, una explosión o una inundación, nada de eso detiene a una población solidaria y unida.
Ojalá sigan así.
En cinco palabras: Hace falta dinero… para 2018.
PUNTO FINAL.- No entiendo: si va un político a la zona de ayuda, lo tachan de oportunista; y si no va, es valemadrista. Nunca estaremos.contentos.
Twitter: @Mauri_Zapata





