Decía Salvador Allende que ser joven y no ser revolucionario es una contradicción y cuánta razón tenía. La cita viene a colación por la conmemoración de la matanza de Tlatelolco el 2 de octubre de 1968 y que hoy muchos jóvenes, algunos no tanto y otros ni a estudiantes llegan, conmemoran saliendo a las calles a reclamar lo que se les viene en gana.
Bajo la premisa de que “2 de octubre no se olvida”, los chavos de hoy aprovechan la fecha para salir a la calle y, en nombre de los “estudiantes oprimidos” del país asaltan tiendas, roban oficinas, destruyen monumentos y hacen desmanes en las arterias. Muchos de esos dizque “jóvenes revolucionarios” que dicen querer un mejor país, no tienen la menor idea de lo que fue el movimiento estudiantil del 68.
Desde luego que hay aquellos que han estudiado perfectamente lo que sucedió hace 49 años en la Ciudad de México y que fue el preámbulo para que estudiantes de varias entidades del país también salieran a las calles a pedir ser tomados en cuenta.
Es una pena que hoy en día, la conmemoración de la matanza de Tlatelolco se haya convertido sólo en un pretexto para delinquir; que se haya vuelto un evento para salir a reclamar lo que sea, sin ideologías, sin liderazgos, sin objetivos claros.
Es una pena, que ya se haya olvidado el 2 de octubre, al que paradójicamente ponen como tema principal.
En una pena que pese a casi medio siglo de recordar aquel fenómeno que marcó un antes y un después en el México moderno, las cosas sigan igual y el sector juvenil del país siga siendo minimizado por las autoridades y sólo los busquen cuando en campañas necesiten pegar pendones, pancartas o ir a pegar de gritos a los mítines políticos.
Es una pena que las Comisiones legislativas de la juventud en el Congreso local y en los Cabildos solamente sean de adorno y no sesionen ni por equivocación.
Es una pena que el Instituto estatal y municipales en el rubro de los jóvenes sólo sirva para organizar un concurso una vez al año o para ir a llenar eventos políticos al Polyforum.
Es una lástima que el ala juvenil de los partidos políticos solo sirva para ir a hacer vallas, tocar matracas o repartir propaganda abajo de un semáforo.
Es una pena que poco a poco vayan disminuyendo las becas, aumentando los requisitos para obtenerlas y decreciendo el dinero que otorgan.
Es una lástima que el 60 por ciento de los desempleados de la entidad sean recién egresados de las universidades e instituciones de educación superior del estado.
Es una pena que hoy en día ser joven sea sinónimo de desmadre.
Es una pena que los jóvenes de hoy (la gran mayoría) no tengan un proyecto de vida y que sus comentarios en redes sociales no tengan ni siquiera ortografía.
Es una pena que no tengan nivel de análisis y lo más que hagan sea mentarle la madre al gobernante en turno.
Es una pena que las redes sociales estén contaminada de las selfies banales de los jóvenes y no hagan una verdadera revolución que cambie las cosas.
Es una pena que cuando votan sólo lo hagan por darle en la madre a alguien y no porque en verdad reflexiones sobre un verdadero cambio de rumbo.
Es una pena que muchos de ellos no sepan ni lo que quieren estudiar.
Me parece que hace falta más impulso a los jóvenes y que éstos tengan un mayor espíritu, sí, como dijo Salvador Allende: “revolucionario”.
¿2 de octubre no se olvida? ¡Por favor! Tan ya se olvidó que los estudiantes son lo de menos.
¿2 de octubre no se olvida? ¡No mamen!
En cinco palabras: Para comenzar hay que olvidar.
PUNTO FINAL.- “Poseer la gloria y la juventud es demasiado para un mortal”: B. Shaw.
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