Independientemente del bombazo informativo que generó la detención del ex gobernador Eugenio Hernández Flores el pasado viernes, lo que por enésima ocasión puso a Tamaulipas en boca y pantallas de todo tamaño de millones de mexicanos, desde mi punto de vista la autoridad estatal y todo su aparato de justicia, incluyendo el recién desempacado ente anticorrupción, están ante la oportunidad de demostrar que la aplicación de la ley no será más un eslogan y, sobre todo, que no existirá más simulación.
Al margen de prejuicios, es momento de exigir que el combate a la corrupción deje de ser una bandera política para convertirlo en una nueva forma de gobernar, en un verdadero cambio que se traduzca en el incremento de la confianza de la ciudadanía para denunciar todo y a todas horas.
También que no haya más temor entre la sociedad a ser victimizada por quienes están contratados para impartir la justicia, sobre todo aquellos que llevan sobre su espalda la encomienda de reducir la inseguridad.
Como lo titulé hace una semana: Llegó la hora (en realidad pasaron 96 horas) de comenzar a poner orden, de pasar del compromiso de papel al de verdad, al desempeño real y eficiente de los cargos que el gobernador Francisco Javier García Cabeza de Vaca, les asignó a sus ahora colaboradores pensando más en su capacidad que en pagarles favores o por el apoyo recibido.
Este asunto jurídico de alto nivel puede ser el parteaguas en la historia de Tamaulipas, tierra a la que casi todos dicen querer pero a la que muchos, hasta ahora, le han quedado a deber.
Ya se cuenta con un Sistema Estatal Anticorrupción y un fiscal para tal, también hay un grupo de cinco ciudadanos que, esperamos, harán valer la palabra y atenderán la exigencia de los tamaulipecos de acabar con la impunidad.
A todos los que integran este entramado, principalmente quienes han sido cuestionados, también les llegó la hora de tapar bocas o confirmar las sospechas, de su desempeño depende descartar o no que sólo se trató de cumplir fechas, o que se legisló al vapor o sobre las rodillas.
Debe quedar claro a los personajes públicos que no es momento de politiquería y que al caer en ese juego, en automático se estarían burlando de la principal preocupación de los tamaulipecos que es la inseguridad, pues a nadie se le puede olvidar que son la impunidad y la corrupción, las que han alentado la delincuencia.
APUNTE.- A menos de tres meses de que se conozcan las listas oficialmente palomeadas tanto de nuevos candidatos como de quienes se irán por la reelección, en todos los municipios se han registrado encartes y descartes.
Son varias las facetas, hablamos de quienes sienten que se las deben, los que dicen que se las prometieron, aquellos que aseguran haber hecho tooodo para que los reelijan, también los que de pronto se sienten ligamayoristas y creen estar en posibilidades de exigir.
Pero la verdad es que hoy menos que nunca el escenario político estatal no está supeditado a caprichos o pagos de deudas, porque son tiempos en que el ciudadano por fin se ha dado cuenta que su voto puede echar caciques o bien dar oportunidad a otras fuerzas políticas.
Quien piense que el interés personal, de grupo o partidista sigue por encima de la voluntad popular seguro se quedó en el pasado y tal vez para siempre, porque hoy las poses valen menos que nada, el populismo y la egolatría vestida de oropel ya no engañan a nadie.
Habrá que ver si los listados y los listos coinciden, porque ningún partido estará dispuesto a poner en riesgo su capital.
PENDIENTE.- En la Universidad Politécnica de Victoria el rector Jesús Ballesteros González trae ideas frescas y modernas, para empezar retomó y renovó la Incubadora de Genios, la misma de donde salió el más reciente Premio Nacional de la Juventud, Delia Itzel López Dueñas, son garbanzos de libra y por lo pronto el rector ya empezó a sembrar. Éxito.
Aquí los veo, leo y escucho: @JosdelCarmenPR / [email protected]





