Son muchísimos los ciudadanos “independientes” que se han inscrito para contender por la presidencia del país para las elecciones del año entrante.
¡Son 31! Y todavía pueden surgir más.
Desde luego que no todos van a llegar ni a pasar todos los filtros. Muchos no van a conseguir ni la cuarta parte de las firmas que les piden las autoridades electorales para que les den el registro.
Sin embargo, siguen siendo muchísimos. Y de todos, son pocos los que en verdad tengan posibilidades. Pero más allá de eso, me parece que ninguno de ellos representa una verdadera respuesta para los problemas que enfrenta el país.
En suma: los independientes no son la solución.
Hace dos años cuando surgió, en las elecciones del 2015, la figura de candidatos independientes, muchos creyeron que el fenómeno iba a crecer y que podría ser el principio del fin de la partidocracia.
Y sólo creció el número de interesados, pero no de soluciones y mucho menos de poder o de gobernantes que estén cambiando al país.
De verdad, muchos creyeron que sería esa solución a los grandes problemas de México, es decir, que gobernando la sociedad a través de un candidato “surgido del pueblo”, todo iba a ser diferente.
El ejemplo más calor lo vemos en Nuevo León con el hoy gobernador Jaime Rodríguez (y uno más de los aspirantes a la presidencia), cuya campaña fue espectacular, tan es así que a los siguientes candidatos independientes se les quedó el mote de “Broncos”. Pero ese bronco regio al final de cuentas terminó siendo uno más de los políticos que no han hecho diferencia.
En Jalisco lo vimos con algunos candidatos, principalmente con uno de origen japonés que terminó siendo diputado local, y que al igual que “El Bronco” no ha ido más allá de haber sido un candidato con buena imagen de mercado. Es decir, no ha hecho diferencia, salvo una que otra propuesta que pudo haber hecho como miembro de un partido político.
En Tamaulipas fue todavía más decepcionante. Vimos un tal Francisco Chavira, un vividor de la política y de los políticos que terminó doblado y vendido. Y ofertó sus pocos votos al mejor postor, que ni siquiera significaron una diferencia. Es más, con eso ni las moscas espantaron.
Hubo un independiente que ganó en el municipio de Jaumave y que hasta el momento no termina por despegar ni por hacer diferencia alguna con los anteriores alcaldes que haya tenido ese municipio o con los que hay actualmente en la entidad surgidos de algún partido.
Insisto, mucha gente pensó (y sigue pensando) que el problema del país son los partidos políticos y creen que las candidaturas independientes o ciudadanas son la solución a los problemas, porque “el pueblo gobernaría”.
Pero vemos que están equivocados. Que no han sido solución. Que no es por ahí el camino.
En Nuevo León, Jaime Rodríguez ha sido siempre un político emanado del PRI y allí mamó todo lo que sabe y cuya línea ha seguido. No ha sido más que una persona carismática y broncuda; un populista que en un principio tuvo una buena imagen de mercado. Sólo eso.
En Tamaulipas el independiente Chavira no es más que un lidercillo de colonia venido a más. Sólo eso.
En Jaumave, el alcalde es una persona que todo lo que sabe lo aprendió del partido que lo hizo. Sólo eso.
Algunos dirán que todos los políticos son iguales, y quizás tengan razón, pero el gran problema de la corrupción está en la impunidad. Cuando se pongan de acuerdo y castiguen a los malos gobernantes, el problema se va acabar.
Por lo pronto, hoy nos damos cuenta que el movimiento independiente no es la solución al cambio que exigimos los mexicanos. Al menos no con los que están ahora mismo en el poder o los que intentaron hacerlo o los que quieren intentarlo.
Hasta el momento no se ha visto que la independencia sea la solución.
En Cinco Palabras: No hay para dónde hacerse.
PUNTO FINAL.- El Poder es literal, aunque siempre hable en metáforas.
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