Comienza la rebatinga entre los idealistas, nacionalistas y conservadores sobre si se debe festejar una cosa u otra.
Yo me pronuncio porque se festejen ambas.
Creo no tienen por qué pelearse una cosa con la otra. Los niños son felices poniéndose un disfraz y salir a la calle por dulces (a pedir su calaverita o su Halloween).
Y también son felices poniendo un altar en memoria de sus familiares fallecidos, participando en concursos escolares sobre el tema o haciendo calaveritas y comiendo calacas de azúcar.
Entonces no veo la riña entre una tradición y otra.
Lamentablemente vivimos cerca de Estados Unidos y adoptamos muchas de sus costumbres (como comer carne asada), lo importante es no perder las mexicanas.
Pero a veces no entendemos a esos patriotas, nacionalistas o conservadores.
Bueno, ahora salió por ahí un pastor religioso pidiendo cancelar el festejo del Día de Muertos, una de las tradiciones más mexicanas. No ha tenido eco, peros sus argumentos son absurdos.
Al que no le guste una cosa u otra, que no lo haga, pero eso de que prohíban hacer algo, ya suena a fanatismo.
El escritor Arturo Pérez-Reverte asegura que unir a un fanático con mil ignorantes dará como resultado mil un fanáticos.
A mí me parece que no celebrar un acto como el Día de Muertos si la religión lo prohíbe habla de fe. Pero el hecho de no poder soportar que los demás lo hagan, habla de estupidez.
Pero ese es otro asunto.
El problema es que cada año se debate sobre un tema que no debiera tener mayores conflictos. Que el que lo quiera hacer que lo haga y el que no, pues, no. Así de simple.
Estoy de acuerdo en defender las tradiciones mexicanas, sí. Que no se pierdan, pero de eso a prohibir que alguien acostumbre a hacer algo de otro país, no estoy de acuerdo.
Ahora bien, por un lado piden, es más, exigen que se respeten las tradiciones mexicanas, pero por otro, hacen otro tipo de acciones que rayan en lo incongruente.
Me explico.
Piden que se consuma lo hecho en México, pero lo hacen portando sus lentes rai ban, su playera Tommy, pantalones Levis, zapatos hush poppies y son aquellos que se van de shoping, sobre todo a aprovechar las ofertas del Día de Acción de Gracias de Estados Unidos. Es decir hay una incongruencia muy grande.
Somos víctimas de las mercadotecnia, si quieren eliminar el Halloween, entonces comencemos por el San Valentín y la Navidad, porque no creo que la mayor parte de la gente celebre la Noche Buena precisamente por ser el nacimiento de Jesús, sino más bien por la llegada de Santa Clos.
Vaya, a lo que quiero llegar es que no hay porque desgastarse por ese tema, que los que quieran conmemorar el Día de Muertos lo hagan como siempre, pero si hay alguien que prefiere ponerse el antifaz y sacar la calabacita para ir por dulces que también lo haga sin mayores problemas.
Al final de cuentas, el Halloween se ha mexicanizado y se ha adaptado a la idiosincrasia de este país. A las ideas y costumbres de los mexicanos. A la imaginación y a la picardía de México.
Los disfraces van en torno a las costumbres y creatividad que sólo los mexicanos tenemos.
Los niños van y piden “su calaverita”, al grito de “queremos Halloween”, algo que allá no acostumbran, sino más bien lo hacen a su manera.
En fin, es un tema que se debate cada año y nunca se llega a ninguna conclusión. Por lo pronto celebren ambas cosas, no se pierde nada ni tampoco se deja de ser mexicanos por el Halloween.
En Cinco Palabras: ¿A quién perjudica el Halloween?
PUNTO FINAL.- Todos opinan, pero casi nadie argumenta.
Twitter: @Mauri_Zapata





