Fue el 29 de noviembre de 2006.
La sesión en el Congreso de Tamaulipas estaba por empezar. Eran cerca de las 13:30 horas en el antiguo recinto, el que está ubicado en la Unidad Cívico Gubernamental.
Para entonces, la Mesa Directiva estaba tomada por diputados del Partido Acción Nacional (PAN) comandados por Alejandro Sáenz Garza quería más posiciones en el entonces Instituto Estatal Electoral, sobre todo porque sus propuestas sólo llegaron a suplentes.
Ramón Garza Barrios se encaminó a la Mesa Directiva, era entonces el Presidente de ese órgano parlamentario. Estaban a unos días de que el entonces mandatario estatal había rendido su informe de gobierno.
Desde ahí estaban ya encontrados y con los ánimos encendidos.
Garza Barrios llegaba custodiados por cuatro guardias. Los panistas tenían tomada la Tribuna. Un feroz Everardo Quiroz estaba con la guardia en alto.
Pero abajito comenzaron los trancazos cuando el entonces dirigente de los cañeros, el priista José Valenzuela y el panista Arturo Sarrelangue comenzaron a darse de golpes.
Mario Leal, en esos días también de la bancada tricolor agarró de las solapa al panista Felipe Martínez y se enfrascaron en empujones y gritos, incluso Leal lo tomó por el cuello.
La diputada del PAN, Eugenia de León, se puso como valla y cercó uno de los accesos a la Mesa Directiva y con ello no permitir que Garza Barrios subiera. La legisladora recibió una patada de los guardias y la quitaron de encima.
Entonces eso motivó la batalla campal.
Se oían gritos y hasta mentadas de madre.
El petista, Alejandro Ceniceros se aventó desde la mesa para tomar a alguien a golpes. La batalla ya estaba dura.
Otro tricolor, Roberto Bennet Ramos un tipo bastante corpulento, se trenzó con el panista Arturo Sarrelangue hasta romperle el saco.
Por su parte, Jaime Seguy Cadena y tomó a dos diputados de Acción Nacional y los aventó en un solo acto hacia la pared. Estos panistas Everardo Quiroz y Alfonso de León no pudieron hacer más y adoloridos se replegaron.
Las mujeres, la mayoría de ellas, observaban desde su curul mientras estaba la batalla. Una voz en el sonido parecía querer calmar los ánimos, pero inútil.
El perredista, en ese momento, un legislador apodado el Guasón, se aventó a la mesa y trató de golpear a Ramón Garza que por mucho que hacía esfuerzos no aguantó la ira y se lo quitó de un golpe.
El Guasón y Garza Barrios se enemistaron desde entonces.
El desaguisado en la LIX Legislatura estatal duró cerca de 25 minutos. Y fue el acto que marcó para siempre a esa gestión parlamentaria. Eso los volvió imborrables en la historia del Congreso estatal.
Ya nada fue igual en esa legislatura.
Ahora, Garza Barrios y el Guasón son cuates. Se tomaron la foto hace unos días, en donde el primero se pasó a las filas de Morena que dirige en Tamaulipas el segundo.
Estaban sonrientes. Felices.
Van por la alcaldía de Nuevo Laredo.
El pleito legislativo pasó a la historia. Ahora son muy cuates y los intereses de ambos ya son los mismos.
Morena sigue engrosando sus cuadros con priistas. Con esos políticos a los que tanto ha criticado y a los que quiere sacar del poder.
Hasta hace unos meses eran adversarios. Hoy ya con la “purificación” del Mesías Tropical, ya no son corruptos ni forman parte de la “mafia del poder”.
Ese partido es un híbrido que promete un cambio. Un cambio que nunca llegará porque al final de cuentas, se está conformando por lo más rancio y malo del tricolor.
En Cinco palabras: Y aún faltan dos más.
PUNTO FINAL.- “Si quieres tener éxito, promete todo y no cumplas nada”: Napoleón.
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