En marzo de 1925, Lázaro Cárdenas del Río llevaba un año luciendo las dos estrellas junto al Escudo Nacional que le daban el rango de general de brigada, cuando se hizo cargo de la 36 Jefatura de Operaciones Militares de La Huasteca, con sede en Villa Cuauhtémoc, pleno corazón de la industria petrolera en esa época.
La zona estaba caliente: los sindicatos y las empresas extranjeras le escamoteaban los impuestos al gobierno y se mantenían enfrascadas en diferendos laborales. La riqueza del subsuelo era evidente: el petróleo salía prácticamente con simplemente hacer un hoyito y la avaricia de las empresas no tenía límite.

En esas tierras veracruzanas, el general michoacano de 30 años de edad conoció y vivió personalmente la forma arbitraria como se manejaban las compañías petroleras, todas extrajeras.
Fue testigo de cómo sometían a los trabajadores y cómo, con el amparo del gobierno de Estados Unidos, intentaban ponerse por encima del gobierno mexicano del general Plutarco Elías Calles, amagando, incluso con una invasión militar, para proteger a sus empresas petroleras.
Fuente: Excelsior






