No sé qué vaya suceder el próximo uno de julio.
A pesar de que Andrés Manuel López Obrador vaya arriba en las encuestas, las probabilidades de que gane otro candidato también son muchas.
Insisto mucho en que los indecisos definirán la elección presidencial.
Sin embargo, pase lo que pase, el país perderá a AMLO.
El tabasqueño se convirtió en uno de los más importantes opositores mexicanos de este siglo. Incluso, me atrevería a pensar que ha tenido más peso que otros de las últimas cuatro o cinco décadas.
Más que Heberto Castillo, Cuauhtémoc Cárdenas, Maquío y Castillo Peraza, entre otros.
Ha sido un líder, nos guste o no. Un líder que cada vez reúne más simpatizantes.
Ha sido una verdadera piedra en el zapato de tres administraciones federales seguidas.
Fue un cadillo en el ombligo para Fox. Y también lo fue, quizás con más énfasis, en el gobierno de Calderón y ni qué decir del actual que encabeza el presidente Peña Nieto.
Todo cuestiona. Todo critica. Inspira a muchos. Es querido y odiado por millones.
Es pues, un opositor al sistema en toda la extensión de la palabra.
Sin embargo –insisto-, pase lo que pase el domingo uno de julio, perderemos a ese López Obrador, a ese opositor al que me refiero.
¿Por qué?
Por dos razones…
La primera de ellas, es que si llegara a ganar, obviamente dejará der ser opositor y ya no será él quien cuestione, al contrario, será el blanco de las críticas de muchos mexicanos.
Le dirán que no ha cumplido o que sus compromisos no son cómo dijo que serían. Él tendrá que defender al sistema, a su administración… a su gobierno.
Dejará pues de ser el temido líder que promovía el encono contra el gobierno.
El país dejaría de tener un opositor que supiera conjuntar las voces contrarias. El país perdería a un líder antagonista natural y fuerte.
¿A quién seguirán los mexicanos ahora? Y no me vayan a salir con que no habría necesidad de una oposición porque su gobierno sería incuestionable… no, nadie es tan bueno como para no necesitar de un crítico.
La segunda razón sería la siguiente:
Si López pierde, sólo daría lata unos meses y después se iría a La Chingada. Al final de cuentas, si no gana en esta, sus posibilidades para el 2024 serían mucho menores, además de que tendría ya un desgaste muy fuerte.
Se ve un tipo cansado, aunque digan lo contrario, y de perder, AMLO se retiraría. En ese caso, estaríamos en las mismas circunstancias que si gana, es decir, nos quedaríamos sin un líder opositor de peso.
¿O ve a alguien más con ese poder de convocatoria para ser ese antagonista que el país requiere? Yo no. Al menos, no ahora, quizás, surgiría otro, sí, pero tardaría mucho en tener el peso que hoy tiene Obrador.
Por eso digo que después del uno de julio vamos a extrañar a Andrés Manuel, porque ya no habría un opositor de ese tamaño.
En fin, siempre será sano para una democracia que haya un “villano” y le dé equilibrio a la política de un país como el nuestro.
Y no, no veo a nadie con los tamaños de AMLO para asumir el papel de opositor.
En Cinco Palabras: Mejor que se quede así.
PUNTO FINAL.- “No todo lo que se puede contar cuenta, y no todo lo que cuenta puede ser contado”.- Albert Einstein.
Twitter: @Mauri_Zapata





