Fue en 1997 cuando tuve la oportunidad de conocer al viejo.
En ese entonces él era el dirigente nacional del PRD… cuando el PRD era un partido fuerte y era el principal opositor del sistema.
Fue en Chiapas.
Llegó a una gira de trabajo, pero como parte de ella, se le programaron una visita a medios de comunicación para diversas entrevistas.
El entonces gobernador de aquella entidad era Julio César Ruiz Ferro, un priista gris que por azares del destino llegó a ser mandatario un gobernante que sin deberla, le pesa en su historial aquel episodio de la masacre de Acteal, evento que propició su renuncia. Y fue lo más relevante de su administración de año y medio.
Eran los tiempos de la inestabilidad política en Chiapas.
Porfirio Muñoz Ledo bajó de una camioneta. Se puso el saco y cuando vio que lo recibían gritó con una sonrisa: “bendita tierra de Ruiz Perro”, remarcando mucho la palabra “perro”.
Entró al medio. Saludó a todos.
Ya olía a alcohol y apenas eran las 11:00 de la mañana.
El clima en la ciudad de Tapachula, Chiapas te permite tomar una cerveza a cualquier hora del día. Es un calor intenso y húmedo. Y Porfirio Muñoz Ledo lo sabía y aprovechó esa “tradición”.
Entró a un pequeño estudio de la empresa en donde yo laboraba. El Director General, don Mario Olvera Rojas lo abordó. Se saludaron de un abrazo y él mismo le hizo la entrevista.
Se juntaron dos viejos lobos de mar: uno de la comunicación y el otro de la política.
Muñoz Ledo dio cátedra de respuesta. Mario Olvera de preguntas; jamás se intimidó.
Y fueron preguntas de todo. Más que una entrevista, fue una charla.
Hablaron no sólo de política y la situación en ese entonces de Chiapas y en México. Hablaron de música, de literatura, de teatro y hasta de fútbol.
Muñoz Ledo demostró ser un hombre con mucho colmillo, muy culto en todos los aspectos, imbatible en el debate, conocedor de muchos temas, pero sobre todo un excelente conversador.
A las 11:45 pidió cortar la entrevista. “Se acabó, hay que ir a ver el fútbol y a la hora feliz”, dijo.
Era un domingo, ese día se disputaba la final del futbol mexicano. Jugaba el Guadalajara ante aquellos épicos Toros Neza.
Muñoz Ledo se dijo ser “chiva” y lo mostró con un “que chingue a su madre el América… y de paso Azcárraga”. Se despidió y se fue.
En mi trayectoria periodística he cubierto varias veces las sesiones de la Cámara de Diputados federal y me ha tocado verlo debatir. Insisto, es imbatible en ese tema y su agilidad mental para contestar es extraordinaria. Es un deleite verlo discutir en una curul o en la tribuna.
Hoy lo vemos como Presidente de la Mesa Directiva. Él le impondrá la Banda Presidencial al nuevo mandatario y le tomará la protesta.
Me parece que ese protocolo es un homenaje a su trayectoria. Es cierto, no ha sido el mejor político, ha pasado por tres o cuatro partidos, quizás sea un oportunista y fue protagonista de la más despreciable época del PRI.
Sin embargo, es, hoy por hoy, el político en activo con más experiencia en México y coronará su carrera con este protocolo.
Es de esas personas a las que se les debe de aprender.
Porros como Fernández Noroña no le hacen ni cosquillas.
Porfirio Muñoz Ledo está dando cátedra en San Lázaro.
EN CINCO PALABRAS.- Hacen falta más como él.
PUNTO FINAL.- Pero se sigue sin ver ningún cambio.
Twitter: @Mauri_Zapata





