En el 2016, antes de las elecciones en Tamaulipas, la bancada del Partido Acción Nacional (PAN) en el Congreso local, presentó una iniciativa para terminar con los “sellos institucionales” y hubiera un solo emblema para cada gobierno (municipal y estatal) sin importar quien gobernara.
La iniciativa fue planteada por el entonces diputado panista Francisco Elizondo Salazar, hoy dirigente estatal de ese partido, y en ella, proyectaba que para evitar tanto gasto de recursos, se prohibiera a cada alcalde o gobernador que llegara, cambiar la imagen institucional.
Insisto, la idea planteada por Kiko y el PAN era ahorrarse dinero y que, tanto alcaldías como dependencias gubernamentales estatales, presentarán una imagen institucional y no ideológica.
Así, para cada cambio de administración, los Ayuntamientos y el Estado ya no podrían incorporar libremente y mediante manuales, el diseño institucional que represente a su administración con el objetivo de darle uniformidad a documentos, vehículos e inmuebles pertenecientes al patrimonio público.
En la exposición de motivos Kiko y el PAN plasmaron que en cada cambio de administración pública el modificar la imagen institucional, ocasionaba un dispendio de recursos económicos, “que sin duda, ofende a la población, sin percatarse quienes fueron elegidos para encabezar el gobierno, que lejos de obtener una identidad, provocan un distanciamiento con sus gobernantes y un encono con los aspirantes de otras planillas que participaron en el proceso electoral, al imponer los colores de preferencia partidista en lugar de buscar la concordia y el bien común”.
De tal manera que su proyecto quedaba así: “La imagen de la administración pública será representada por el escudo de armas correspondiente, debiendo mostrar en su parte inferior la leyenda que identifique sólo el periodo en ejercicio…”. Es decir, sólo presentaría, por ejemplo, el escudo de Victoria y abajo la leyenda “Ayuntamiento de Victoria 2000-2003”.
“Todos los vehículos oficiales deberán ser color blanco y solo podrán tener a manera de identificación, el escudo de armas y la leyenda de la administración en las puertas laterales, con los mismos lineamientos establecidos en el artículo anterior, llevando en su caso la identificación de la dependencia a la que se encuentre asignado así como su número económico”.
Parecía buena la intención. Pero eso fue antes de ganar las elecciones.
El documento se turnó a Comisiones para su estudio, insisto, entre los meses de mayo y junio de 2016.
Ya para el mes de septiembre la iniciativa estaba a punto de ser dictaminada a favor por la Diputación Permanente, y sería aprobada para ponerla en marcha en Tamaulipas.
Pero entonces el PAN ya había ganado la gubernatura, la mayoría de los ayuntamientos y también tendría mayoría en el Congreso local. Entonces ya no le convenía que se implementara esa iniciativa. Ya querían pintar (literal) de otro color el estado.
Llegó Kiko un día antes de que se dictaminara ese documento, habló con Ramiro Ramos quien entonces presidía el Poder Legislativo estatal, le pidió, que se dictaminara en contra o bien, que se mantuviera en el tintero parlamentario y dejar que pasara el tiempo y quedara sin efecto.
Ramiro accedió a la petición de Kiko Elizondo, que en esos días ya estaba a punto de ser electo presidente estatal del PAN y mandó al archivo el documento.
La iniciativa quedó ahí, abandonada en el cajón de un archivero. Y la ideología, discurso y coherencia de Kiko y del PAN también quedaron ahí guardados. Cambiaron de parecer en pocos meses. Modificaron su manera de pensar y actuar.
Lo anterior viene a colación porque durante su primer día de administración el alcalde de la capital presentó vehículos con un color diferente, con un logo diferentes, con un slogan diferente, en suma, con una imagen muy, pero muy diferente. Y otros ayuntamientos han comenzado a cambiar muchas cosas con el sello personal de los nuevos alcaldes.
Eso, desde luego genera un gasto importante en pintura y diseño. Pero en este caso, el discurso que decía Kiko de que “…en cada cambio de administración pública el modificar la imagen institucional, ocasiona un dispendio de recursos económicos, que sin duda, ofende a la población, sin percatarse que quienes fueron elegidos para encabezar el gobierno, lejos de obtener una identidad, provocan un distanciamiento con sus gobernantes y un encono con los aspirantes de otras planillas que participaron en el proceso electoral”, quedó sin efecto. Ya no les importa.
Y pasó en muchos municipios y en el propio estado, es decir, a Kiko y los suyos, los cambios de imagen ya no ofenden a la población. Que las nuevas autoridades ya no ven que una nueva identidad les provoca distanciamiento; y, lo que piensen los adversarios menos les importa. Que la concordia y el bien común ya no es prioridad.
Así de incoherente es la ideología de los partidos y sus integrantes una vez que asumen el poder.
En cinco palabras: Misma gata pero otro color.
PUNTO FINAL.- “El buen líder sabe lo que es verdad; el mal líder sabe lo que se vende mejor”: Confucio.
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