Mal recomendada por traer como bendición, ‘los hilos’ y el beso de ‘El judas’, Egidio Torre Cantú, así llega Yahleel Abdala Carmona a la dirigencia estatal del PRI.
Una mujer, de bronca fácil y lealtades a medias, consciente de sus limitaciones, por ello no quiso aceptar ser candidata priista a la alcaldía de Nuevo Laredo, a pesar de ser la primera en recibir esa oferta, por el simple hecho que sabía que no podía sacar la elección.
Con apoyo de su padrino y ‘titiritero’ Egidio Torre, se encaprichó por conseguir la candidatura a la senaduría que finalmente logró y luego perdió en las urnas, con solo 300 mil votos y un lastimoso tercer lugar.
Y ahora, en la sucesión priista, otra vez el tristemente célebre ex gobernador -acusado de participar en la operación ‘zafiro’ dónde se desviaron 350 millones de pesos para campañas políticas en 2016- volvió a meter las manos para que Yahleel, llegue a la dirigencia estatal del PRI.
En el cónclave, que avaló la líder nacional priista Claudia Ruiz Massieu, sólo tuvieron voz y voto tres personajes; Egidio con más peso, Mercedes del Carmen Guillén Vicente y Edgardo Melhem, el resto de aspirantes, Consejeros, ex líderes partidistas fueron ignorados.
Pero la llegada de Yahleel a la dirigencia es en condiciones muy desafortunadas, como las siguientes:
1.- Lleva como copiloto, a José Benítez también con fierro Egidista, que es un personaje totalmente anodino, sin perfil, ni influencia política.
2.-Con un partido en quiebra, con adeudos en sueldos, servicios, rentas, etc.
3.- Con ex dirigentes partidistas enojados con el dedazo que avaló la líder nacional priista, Claudia Ruiz Massieu.
4.- Con un partido que ha perdido miles de militantes por las últimas derrotas y errores y con sus días contados por la llegada de Yahleel.
La gente con influencia al interior del partido, descalifican la llegada de Yahleel por ser el continuismo ‘del Egidismo’ con un liderazgo, entregado, simplón e incapaz, como el que encabezó Sergio Guajardo Maldonado.
Con su mismo perfil, limitados, inexpertos, y sobre todo, sin peso político para sacar adelante a un partido moribundo.
Pero lo peor es que la imposición de Yahleel es que Egidio,- quien también ‘dedeo’ consejeros en el 2012 y ahora los obligó a ir al acto de unción- pone una dirigente a modo, para no confrontar con el gobierno estatal actual, y con cartas para vender alianzas políticas con el PAN, en la próxima elección a diputados a cambio de su impunidad, porque la preocupación del ex gobernador es que la Auditoría Superior del Estado le reclama devolver 3 mil millones de pesos que no pudo comprobar de su gestión como gobernador.
Así seguirá tranquilo, disfrutando su palacete en San Pedro Garza García en Nuevo León mientras que a distancia, jalará los hilos de la títere que impuso al frente del PRI, partido al que Egidio, traicionó y al que juró acabarlo, como lo ha cumplido, al imponerle a sus repudiadas marionetas.






