Para algunos fue un discurso emotivo que llenó de esperanzas a todo México.
Hay quien se atrevió a decir que fue una arenga muy diferente a lo expresado en ese tipo de ceremonias. Quizás no recuerdan el que pronunció Vicente Fox.
Y la verdad es que fue un larguísimo discurso de una hora y 19 minutos en donde lo único diferente que dijo en los últimos dos o tres años fue un “me canso ganso” en medio de la arenga.
En San Lázaro, más que la toma de posesión del nuevo Presidente de México, fue como el cierre de campaña del candidato opositor con más posibilidades de ganar la elección.
Para un evento de campaña, ese discurso pudo haber sido alentador, pero no la del inicio de un gobierno con altas expectativas, fue una repetición.
En su larga, larguísima perorata, jamás llamó a la unidad, al contrario, cuestionó a los que creen en cierto sistema. Jamás llamó a la reconciliación, lejos de ello, avivó el fuego al contestarle a los que lo disientan.
Todo indica que gobernará para los 30 millones de mexicanos que votaron por él, y no para el resto del país, que también merecen un Presidente de tiempo completo.
Luego de protestar cumplir y hacer cumplir la Constitución, se fue al Zócalo y de rodillas recibe un símbolo religioso, indígena, sí, pero con tópicos religiosos, en un acto más de populismo y violatorio de la Carta Magna.
Al final del día, desistió de emitir un mensaje desde el balcón de Palacio Nacional, así como aquellos que hicieran famosos algunos líderes de América Latina.
Pero en el Zócalo se aventó otra arenga de una hora y 28 minutos.
¿Y qué creen? Repitió lo mismo.
Es decir, fueron tres horas de discurso; y de esas tres horas, podríamos salvar unos 15 minutos.
Alguien calificó el discurso y el momento como “histórico”, pero se les olvida que en regresamos 40 años, cuando esas disertaciones eran de horas y horas.
El nuevo estilo de política, el nuevo esquema de gobernantes, han cambiado a los discursos prácticos y sencillos. Que se entiendan, que mantengan a la gente sentada y con entusiasmo.
Insisto, ninguno de los dos, fue emotivo o llamó a la reflexión.
Ninguno de los dos mensajes fue esperanzador para los diferentes sectores.
Me quedaría con la consigna de sancionar de manera severa la corrupción y la intervención de los gobiernos en los proceso electorales.
Quizás con la austeridad a la que someterá a la Alta Burocracia.
No así como la demagogia con la que se dirigió.
No así con la falta de sencillez y la falta de congruencia.
No así con la soberbia de sus legisladores y la sumisión ante él.
No así con los conductores televisivos que hasta lloraron ante las cámaras, según ellos, por lo emotivo del histórico día, regresando a aquellos tiempos en donde la hora era la que quería y decía el “Señor Presidente”.
Tardamos muchos años y nos costó mucho trabajo anular al periodismo servil, para que ahora lo repitan, pero lo más lamentable, es que lo replican aquellos que fueron los más duros e incisivos con el tema.
Me parece que el primer año de López Obrador no habrá muchos cambios, salvo la forma de hacer las cosas, pero sin hacer una transformación de fondo. Entonces dirán que no traen varita mágica para cambiar en meses, lo que el PRIAN estropeó en décadas.
Ya verán.
Por lo pronto hoy inicia, ya de manera formal el nuevo gobierno federal, el que tanto pelearon y lucharon, por el que tantos enemigos se hicieron y por el cual están hoy ya en ese sistema.
Pero en el fondo, todo seguirá igual.
EN CINCO PALABRAS.- Ojalá y sea para bien.
PUNTO FINAL.- Por lo pronto, México recibió una sobredosis de retórica y demagogia. Ojalá no sea la constante.
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