“¡Al presidente nadie lo toca!”, esta fue la frase histórica que gritó el capitán Gustavo Garmendia, en 1913 al defender a Francisco y Madero de los traidores.
Bajo esa consigna, durante 70 años operó el Estado Mayor Presidencial, una órgano técnico militar que tenía como principal función, cuidar las espaldas del presidente, de su familia, de Secretarios de Estado y en ocasiones especiales de invitados extranjeros.
Pero en esta administración federal, toda la infraestructura del Estado Mayor presidencial, que contaba con más de un centenar de vehículos, 9 aviones, 8 helicópteros y 2 mil elementos se desapareció por instrucciones del Presidente, Andrés Manuel López Obrador, quien ha desoído las recomendaciones de su Secretaría de Gobernación, de líderes de Morena, para que refuerce su seguridad personal.
Sus viajes y apariciones públicas hasta las más sencillas son un salto al vacío sin red, porque existe caos organizativo, lo que evidencia que su seguridad es vulnerable y no está a la altura de la violencia político criminal que existe en el país.
Tanta inseguridad que, en el reciente proceso electoral federal, asesinaron a casi un centenar de candidatos.
Aunado a ello, recientemente ha recibido amenazas públicas de huachicoleros, lo que evidencia que aquellos que reparten balazos y no abrazos. No están dispuestos a dejarse arrebatar sus negocios ilícitos que les producen millones.
No son pocos quienes advierten que el Presidente, no ha entendido que más allá de la frase populista. ‘El pueblo me cuida’. Su figura y la de su familia están siempre expuestas.
Más allá de la persona – que es importante- está la institución, por lo que no se debe poner en riesgo, la estabilidad del país.
Se viven tiempos de violencia sin precedentes en la época post revolucionaria y aunque en el discurso López Obrador, asegura que ‘se acabó la guerra’, la realidad dista mucho de la demagogia y las cifras no mienten, sólo en 2018 se registraron 33 mil 341 asesinatos en el país, 15% más que el año anterior y la cresta violenta no para.
Por ello, propios y extraños, recuerdan que la seguridad presidencial, es prioridad de Estado.
Porque en la coyuntura actual, un Presidente sin seguridad, es un presidente débil.






