Hay una dicho que señala que “divide y vencerás”.
Eso lo aplicó Morena desde su fundación y se cristalizó en la contienda electoral de 2018: ganaron dividiendo.
El asunto es que esa división ya les pegó y ya andan de pleito. Divididos.
La soberbia les ganó y les puede pesar mucho.
De nada les va a servir la campaña permanente que hace el presidente López Obrador para afianzar a su partido.
El “tirito” ya llegó a Tamaulipas y prueba de ello es que, hasta el fin de semana pasado, eran el partido a vencer. A tres días, ya no lo es. Será uno más y sólo le apuestan a lo que la marca siga mandando en la mente del elector.
Y es que la adversidad que hay entre la dirigente nacional Yeidckol Polevnsky y el coordinador político para la zona norte del país, Ricardo Monreal Ávila, ya está pegando en Tamaulipas.
Cada cual quería imponer candidatos.
El bando de Monreal le apostaba a la experiencia y capital político de ex priistas.
La esquina de Polevnsky prefería a los cuadros de su partido.
Cada uno tiene sus razones y sus estrategias.
Sin embargo, está pesando más la opinión de la líder morenista, y desde la Ciudad de México, sin consultar al operador político, desacreditaron varias propuestas del senador e impusieron a gente allegada a Yeidckol.
Pero no sólo eso, sino que además, son gente con poca capacidad electoral, son poco conocidos y con poca trayectoria, situación que pone a Morena a remar contra la corriente azul que, por su lado, mandó a sus mejores cuadros.
Con la propuesta que tienen los morenistas, éste partido podría ganar a lo mucho tres distritos, ya que eliminó a gente fuerte y con apoyo moral del Senado que bien podría haberles servido.
Los demás ni siquiera son gente de los pocos delegados ya instalados en la entidad.
Aunado a ello, han hecho a un lado al “superdelegado” José Ramón Gómez Leal quien poco podrá hacer para ayudar al partido del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Quienes se frotan las manos son los panistas, que además de personas con fuerte presencia en sus respectivos distritos electorales, también gozarán del poder estatal.
Insisto, hasta el fin de semana pasado, la contienda electoral lucía pareja, competitiva y fuerte.
Se veía una elección de pronósticos reservados y, ante una campaña intensa que se previa habría en la entidad, ahora será con la balanza inclinada en favor del panismo tamaulipeco.
El PRI respira un poco, porque hay también dos o tres distritos en los que se ven en posibilidades de competir y sacarle un susto a cualquiera.
El asunto es que la arrogancia es mala consejera y ya puede pesarle mucho a Morena para el proceso de este año.
El siguiente Congreso estatal está puesto en bandeja de plata para que Acción Nacional siga dominando y retener ese poder, mandar desde ahí y entonces trabajar para la elección del 2022.
En tres años pueden pasar muchas cosas, cierto, pero el desgaste lo tendrá Morena, no así el PAN.
No obstante, los panistas deben poner los pies en la tierra, acercarse más a la gente, gobernar con más humildad, dejar a un lado la arrogancia de algunos… muchos funcionarios y aprender la lección.
Por lo pronto, Morena ya es víctima de una división provocada por ellos mismos y que le tienden la cama al panismo tamaulipeco para poder establecer las condiciones que ellos quieran.
Y aún falta el pleito por las pluris.
Pobre Tamaulipas, tan lejos de ser democrático.
EN CINCO PALABRAS.- Siguen pensando como partido opositor.
PUNTO FINAL.- “Mejor valer la pena que irla dando”.
Twitter: @Mauri_Zapata





