Esta columna la redacté hace un año.
Apenas iban a empezar las campañas presidenciales, y en ella plasmé de manera irónica algunas situaciones que podrían pasar durante los primeros meses del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, en caso de que ganara.
Un año después, la repito.
No me quiero ver ni como pitoniso ni nada semejante, sólo abordar algo que creíamos que pudiera pasar… y al final, creo que pasó.
A continuación, pues, la redacción intacta de esa columna de un año, en la que se supone que estamos hablando como si hoy fuera marzo, pero del 2020…
Han pasado ya 14 meses de que el presidente Andrés Manuel López Obrador tomó posesión del cargo… y el país sigue igual.
Durante los primeros cinco meses, no pudo hacer nada. No hizo los cambios que prometió que iba a hacer de inmediato para mejorar la economía, los empleos, la seguridad y el combate a la corrupción.
Y es que, según los discursos de sus principales funcionarios y de él mismo, el gobierno anterior les dejó un cochinero. Que no le dejaron lana en las arcas públicas, incluso que hubo subejercicios.
Dijo que se encontró con mucha corrupción, sin embargo, hasta el momento, sólo ha quedado en declaraciones, es decir, no ha habido ni denuncias ni detenidos.
Incluso, en estos 14 meses casi no ha recorrido la república, salvo unas siete u ocho entidades, pese a que el nivel de violencia se disparó en varias entidades del país.
No ha podido vender el avión presidencial porque nadie lo ha querido comprar por su elevado precio y él no ha insistido.
Sus subalternos llegaron con una soberbia enorme y con sed de venganza, lo que ha motivado que hayan corrido a miles de burócratas a quienes los acusaron de haber trabajado para “la mafia del poder”. El desempleo en la Ciudad de México se ha desatado, debido a que los comercios que servían de proveedores al gobierno federal les quitaron la concesión por el hecho de que le sirvieron al PRIAN, además de los miles de echados de la federación.
El acoso a los trabajadores del gobierno es enorme y los hostigan para obligarlos a renunciar, sólo por el simple hecho de que trabajaron para administraciones anteriores.
La violencia e inseguridad que prometió acabar en tres años se ha agudizado y no se ve para cuándo pueda, ya no acabarla, sino reducir los índices. El titular de Seguridad Pública, dijo en los primeros meses que en cuatro años se verían resultados, hace unos días, aseguró que será en cinco años o más.
Incluso, cuando al Presidente le reprochan que no ha dado resultados, los servidores públicos de su gobierno y él mismo se molestan y dicen que en meses no pueden acabar con algo que los anteriores provocaron durante casi noventa años de estar el poder.
No ha habido amnistía. Tampoco cero tolerancia. No ha habido estrategia, tampoco un trabajo claro. Se la pasan culpando a los del pasado por lo que hicieron y dejaron hacer.
La economía ha bajado. Muchos sectores siguen esperando a que ponga en marcha un plan de obras para poder meter solicitud, pero al parecer, a pesar de no haber proyectos, los que vengan ya fueron concedidos a otros empresarios amigos de él.
El Congreso, en su mayoría de Morena, han bloqueado todas las iniciativas de la oposición. No los dejan trabajar… es más, no los dejan ni hablar en Tribuna y todo lo arreglan por debajo de la mesa.
En febrero del año pasado, el presidente López Obrador, decretó su Plan de Austeridad Republicana, sin embargo, éste entró en vigor tres meses después, y hasta ahora no han dado a conocer la cantidad que se ahorraron, aunque más bien sólo fue una redistribución de los recursos públicos.
Debido a que echaron del gobierno a mucho personal operativo, los nuevos, que ante su arrogancia no quisieron recibir la capacitación debida, no han podido ni entendido cómo bajar los recursos y hay muchos subejercicios.
Uno de los sectores más afectados fue el de Salud, porque además de correr a los operativos de brigadas y campañas y los nuevos no saben ni qué rutas coger, tampoco se ha hecho la licitación para surtir de medicamentos a todos los hospitales y clínicas públicas. El desabasto ya es crítico.
El país no avanza, ha retrocedido, aunque no distancias considerables, pero se nota mucho que los funcionarios de su gobierno no tienen experiencia en el servicio público y les ha costado aprender.
El país no se ha convulsionado, pero la población y todos los sectores comienzan a desesperarse por no ver los cambios que tanto prometió en los 18 años que estuvo en campaña.
Este es el México. Un México igual que hace dos años cuando empezaron las campañas. Es un país que no ha encontrado la ruta. Es una nación que camina por inercia, que las cosas no han cambiado, que las promesas del hoy Presidente no las ha podido cumplir.
En suma, todo sigue igual.
Hasta ahí la columna de hace un año. ¿En qué nos equivocamos?
EN CINCO PALABRAS: Y seguirá igual mucho tiempo.
PUNTO FINAL.- “Todos los hombres pueden caer en el error, pero solo los necios perseveran en él”: Cicerón.
Twitter: @Mauri_Zapata





