Don Sebas se levantó temprano. Desde la noche anterior ya tenía lista su ropa: su camisa perfectamente planchada; un pantalón de mezclilla y unas botas de trabajo bien boleadas. Un paliacate para secarse el sudor y sus lentes oscuros.
Desayunó un café con pan y huevos tibios; jugo de naranja y una gelatina de limón. Su esposa le puso en un “toper” unas claras de huevo con chorizo y medio kilo de tortilla, y una botella de agua. Iban bien acomodadas en una mochila negra.
Él como desde hace 44 años le sigue ilusionando ir a desfilar. Es parte de su esencia como empleado. No falla y cree que es parte de sus funciones laborales, además de que asegura que es una muestra de lealtad a su sindicato que tanto le ha dado.
Don Sebas es burócrata del gobierno estatal y nunca ha faltado a su empleo en esas más de cuatro décadas. Es cumplido y siempre ha asistido al desfile del uno de mayo.
En contraparte, Jazmín de 25 años, quien apenas cumplió cuatro de trabajar en la misma instancia, nunca ha ido a un desfile obrero. Ella señala que no tiene caso y asegura que asistir es “engordarle el caldo” a los líderes sindicales.
Jazmín fue con un médico amigo de su familia, quien le extendió un justificante falso en el cual se muestra que no está en condiciones de salud para participar en ese evento.
Así la diferencia. Así los contrastes. Hoy, ese desfile ya no motiva ni seduce a nadie. Sólo van para cumplir y se ha convertido en una pasarela en la que se usa a los trabajadores para fines políticos.
Don Sebas sigue cumpliendo y le es fiel a la tradición. Jazmín no cumple ni cumplirá. Y como ella están decenas, quizás centenas de empleados que ya no creen en este tipo de acciones oficiales.
A mí me parece que a los desfiles conmemorativos al Día del Trabajo ya se les venció su fecha de caducidad. Creo que el ver a obreros afines a los gobiernos locales portar mantas y pancartas expresando su conformidad o inconformidad ya pasaron de moda; es del siglo pasado.
Y no me refiero en particular al caso de Tamaulipas. Me refiero a todo el país.
Ahora que reformaron Ley laboral; se les olvidó eliminar estos desfiles que nada benéfico traen para la clase trabajadora.
¿Acaso tras las “conmemoraciones” por el Día del Trabajo los integrantes de los Sindicatos reciben algún apoyo extra, algún logro, mejores condiciones salariales o laborales? No, ¿verdad?
Este tipo de desfiles se hicieron para rendirle culto al gobernante en turno. Para que la clase trabajadora les brindara un reconocimiento. El desfile y conmemoración nació en México en 1913 a iniciativa de uno de los presidentes más ególatras de la historia: Victoriano Huerta. Y se oficializó en 1925 con otro igual: Plutarco Elías Calles.
Los demás siguieron con el protocolo, que, en un principio sí servía para acercar a los trabajadores con el Gobierno, pero que después se fue convirtiendo en acciones para que el líder sindical se congraciara con sus jefes e inflar el ego de ese jefe.
Es cierto, a partir de los gobiernos panistas, el sector laboral hacía del desfile su plataforma para manifestar su descontento por las condiciones de trabajo imperantes en el país. Y no era otra cosa que el PRI demostrara que tiene a su lado a los obreros y sindicatos. Nada más.
Pero eso ya cambió. Ya no es igual. Hoy gobiernan otros.
El asunto es que con el PAN o con el PRI o con el partido que sea, para estos desfiles debería haber un cerebro más creativo que haga que ésta conmemoración traiga más beneficios para todos y que todos la disfruten.
Los desfiles del Día del Trabajo, señores, ya pasaron de moda. No dejan nada bueno, sólo fastidio y hastío hasta para las autoridades que las presiden, ¿o no?
EN CINCO PALABRAS: Ya a nadie le interesa.
PUNTO FINAL.- “Mira si será malo el trabajo, que deben pagarte para que lo hagas”: Facundo Cabral.
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