El PAN que el pasado 15 de septiembre cumplió 80 años de vida, llega a este aniversario con innumerables achaques, pero su principal ‘enfermedad’ es su dirigente nacional Marko Cortés quien no ha sabido, ni ha podido reanimar al partido, luego de la brutal derrota que sufrió en el 2018 y la pérdida de dos gubernaturas ocurrido en las elecciones de éste año.
La dirigencia panista, aunque en el discurso se ha visto como un rival acérrimo del Presidente Andrés Manuel López Obrador, no ha sido suficiente para retomar el papel contra estatista de otros años que puso al PAN, como un partido creíble, más cercano a la gente.
Tal vez se deba a que contrario al discurso de la dirigencia, la mayoría de sus doce gobernadores se han mostrado condescendientes y amigables con el gobierno federal de Morena, lo que rompe la congruencia.
Pero lo peor, es que el PAN, a diferencia del que llegó a Los Pinos, en el 2000 no ha ofrecido una versión clara del gobierno que ofrece a la gente.
Por ello, su líder Marko Cortés, es visto como el mal reumático y ‘canceroso’ que ha sumido al PAN, en la incertidumbre.
Sobre todo, luego que el PAN ha perdido a dos de sus figuras más emblemáticas en los últimos años, como lo son Vicente Fox y Felipe Calderón, que llegaron a la presidencia, pero que al ejercer el poder hicieron a un lado la doctrina, el compromiso que impulsó en el partido Manuel Gómez Morín en 1939 y acabaron haciendo ver al PAN, como un remedo del PRI, y una caricatura del partido opositor que se proyectó en la época post revolucionaria.
Compadrazgos, dedazo , corruptelas incapacidad y otros vicios copiados al depuesto PRI, provocó que Acción Nacional fuera sacado de los Pinos a los 12 años de tomar el poder.
Esa debacle se profundizó cuando el PAN fue rehén de Ricardo Anaya, un líder ambicioso y lleno de acusaciones por presunto enriquecimiento ilícito, que se obstinó en ser candidato a la presidencia y acabó dividiendo más al partido al extremo de pagar las discordias sembradas con derrotas electorales para Acción Nacional.
Lo peor, es que en medio de esas desavenencias eligieron a un engendro de líder cómo Marko Cortés, quien nunca tuvo la estatura, ni la capacidad para conducir al partido a la renovación que urge para evitar que Acción Nacional, siga perdiendo terreno y acabe perdido en el ostracismo como le ocurrió al PRI.
Aunque en Tamaulipas el PAN, aún es la primera fuerza política del Estado, no se puede perder de vista, que el sismo que sufre Acción Nacional a sus ochenta años de vida, tendrán sus réplicas en la entidad, si no se toman cartas para resolver esta contingencia.
Por ello, ex líderes nacionales y personajes de Acción nacional, coinciden en una recomendación sencilla.
-El partido debe refundarse, volver al origen; abrirse a la sociedad y ser democrático como lo era en sus inicios.
Por ello a sus ochenta años, el PAN ya no está para ensayos, tiene el tiempo encima y la coyuntura de renovarse o dejarse morir.






