La semana pasada, en Nuevo Laredo, durante un enfrentamiento con Militares y Policías, miembros del crimen organizado utilizaron como escudos humanos a ciudadanos inocentes.
Fueron varias las personas que vivieron momentos de terror al ser usadas como rehenes. Algunas tuvieron que ser hospitalizados por lesiones o crisis nerviosas. Afortunadamente nadie murió.
Pues bien, lo sucedido en Nuevo Laredo, no es otra cosa que una réplica de la estrategia usada el pasado 17 de octubre, por el Cártel de Sinaloa, para liberar en Culiacán a su líder, Ovidio Guzmán, cuando había sido detenido por el Ejército Mexicano.
Igual que en Culiacán, cuando en las negociaciones con el Gobierno usaron a la sociedad como moneda de cambio por la libertad del “capo” bajo la advertencia de que de no aceptar comenzarían a asesinar ciudadanos, la delincuencia recurrió la semana pasada a la misma práctica en el municipio fronterizo tamaulipeco. Y le funcionó.
Con ello se cumple el pronóstico que luego de los hechos de Culiacán hicimos en éste espacio.
Dijimos en aquella ocasión: “Estamos perdidos como país. Luego de los hechos ocurridos el jueves en Culiacán, Sinaloa, los mexicanos quedamos a merced del crimen organizado…
No es para nada una exageración decir que con su decisión de dejarse extorsionar por el Cártel de Sinaloa, intercambiando a Ovidio Guzmán—hijo de El Chapo—por la libertad de un grupo de militares, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador entregó a los criminales el poder del Estado Mexicano.
Podrán convencer a algún sector de la sociedad de que, “la captura de un delincuente no justificaba poner en riesgo la vida de inocentes”, pero la realidad es contundente: se doblegaron ante los criminales y eso traerá consecuencias fatales para los mexicanos.
Es así porque muy pronto veremos replicado en otras entidades del país, incluida Tamaulipas, lo acontecido en Culiacán. El Cartel de Sinaloa le encontró el punto débil al Gobierno y se lo puso en bandeja de plata al resto de las organizaciones criminales.
Ahora, cada que los cárteles quieran doblegar a la autoridad lo que harán será secuestrar a militares o a sus mismas familias, incluso ciudadanos civiles, para ofrecerlas como moneda de cambio por la libertad de uno o algunos de los suyos. Así le hicieron en Culiacán, les dio resultado, y ahora lo seguirán haciendo en el resto del país”.
Y sí, somos los tamaulipecos los primeros en pagar las consecuencias de la cobardía de un Gobierno federal que prefiere recurrir a moralismos y consejos para tratar de contener a los grupos criminales, en vez de hacer uso de los instrumentos legales y operativos que tiene el Estado Mexicano.
Tal vez lo ocurrido en Nuevo Laredo la semana pasada no sea una calca de lo acontecido en Culiacán, pero es igual de grave porque los criminales utilizaron a ciudadanos como escudos contra las fuerzas federales, en algo que el gobernador, Francisco García Cabeza de Vaca , diputados , líderes políticos y empresariales, han calificado, atinadamente, como “narcoterrorismo”.
Lo más grave de todo es que no se ve cómo las autoridades puedan evitar que los delincuentes les sigan aplicando esa estrategia de terror. Los grupos criminales tienen al Gobierno entre la espada y la pared.
EL RESTO.
CASITA DE 7 MILLONES DE PESOS.- Hay un funcionario de primer nivel que se acaba de comprar una “casita” de ¡Siete millones de pesos!.
El lujoso inmueble ubicado en el exclusivo fraccionamiento, Privado Lasalle, al norte de la Capital del Estado, perteneció en alguna ocasión a un conocido operador político del PRI.
Desde luego que la adquisición de la residencia no podía pasar desapercibida. Sobre todo porque no cualquiera trae en la bolsa siete millones de pesos. Será interesante conocer detalles de la operación.
Lo paradójico del asunto es que una de las tareas que tiene a cargo el comprador es precisamente el combate a la corrupción. Lo tendremos al tanto.
ASÍ ANDAN LAS COSAS.
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