Mañana miércoles, el Pleno del Congreso del Estado aprobará una reforma para que los infractores de la Ley de Tránsito de Tamaulipas puedan canjear sus multas por trabajo comunitario.
En primer plano, la acción legislativa luce prometedora porque permitirá que los automovilistas puedan saldar su sanción sin necesidad de desembolsar un peso.
El infractor tendrá dos alternativas: una, pagar la multa, o dos, hacer trabajo en favor de la comunidad.
La reforma tiene limitantes. Una de ellas, que solo serán susceptibles de pagarse con trabajo comunitario aquellas multas que no rebasen nueve veces el valor de la Unidad de Medida y Actualización (UMA) , lo cual suma casi 782 pesos. Por tal situación, las multas antialcohólicas no entran en ese supuesto.
De inicio, me parece una buena idea que se ofrezca esa alternativa de pago, sobre todo porque hay muchos infractores para quienes pagar una multa de esa naturaleza implica muchas veces desembolsar el sueldo de hasta una semana de trabajo.
Que puedan pagar la sanción barriendo calles, pintando banquetas o cumpliendo cualquier otro trabajo comunitario, será sin duda un respiro y un alivio para cientos de conductores.
Sin embargo, me parece que el tema de fondo en materia de tránsito es otro. Hay que remediar el mal desde la raíz. Y esa raíz es, por un lado, la falta de cultura vial, y por el otro, la tibieza de la autoridad para aplicar la norma.
Tenemos que admitirlo: estamos muy lejos del modelo ideal del conductor responsable y respetuoso de la ley. El nivel de violación a la Ley de Tránsito es altísimo, en parte porque nos falta mucha cultura vial pero también porque la autoridad misma lo propicia al no sancionar con dureza ese incumplimiento.
El desorden vial en cualquier ciudad, no solo de Tamaulipas sino del país entero, es terrible.
Abundan circulando vehículos sin placas de circulación o con matrícula de cartón comprada a supuestas organizaciones sociales, que en realidad son membretes usufructuados por grupos de vivales que operan con la tolerancia y complicidad de funcionarios públicos.
Son cotidianas las escenas de conductores, muchos de ellos del transporte público, ignorando los semáforos; estacionándose en lugares para discapacitados, o simplemente circulando fuera de los límites de velocidad.
Todo eso sucede sencillamente por una sola razón: porque el conductor se sabe impune. Entiende que es muy difícil que la autoridad lo atrape, y que si le toca la mala suerte y lo atrapa, lo resuelve con un soborno al oficial de Tránsito.
Por eso le digo que el problema no son las infracciones que no pagan los conductores sancionados. Lo que los diputados deben resolver es esa falta de cultura ciudadana de respeto a la ley.
Si de verdad los Gobiernos quieren avanzar en ordenar el tránsito vehicular, lo primero que deben hacer es aplicar la ley con dureza, sin contemplaciones. El golpe que más nos duele, a cualquiera, es que el que nos dan en el bolsillo.
Cada que puedo hago la comparación con lo que sucede en Estados Unidos. Cuando los mexicanos vamos a ese país cumplimos las leyes a rajatabla por una sola razón: porque sabemos que si no lo hacemos la sanción será bastante severa, y allá no hay forma de salvarnos ofreciendo un soborno al policía. Nos iría peor.
EL RESTO.
BRINCA DE BANDO.- El exalcalde de Reynosa y ex presidente del Movimiento Territorial del PRI tamaulipeco, Humberto Valdez Richaud está consolidado como uno de los más rentables operadores políticos con que cuenta el Partido Acción Nacional (PAN).
“El Bético” se cambió de bando. No lo ha hecho público pero ya lleva algunos años enfundado en la camiseta blanquiazul. En la pasada elección, su tarea fue decisiva para que la alcaldesa de Reynosa, Maki Ortiz Domínguez, consiguiera la reelección.
Nadie debe extrañarse si el reynosense aparece de pronto estrenando algún cargo público en la administración estatal.
ASI ANDAN LAS COSAS.





