No sé si usted ya se habrá dado cuenta, pero es una verdad inobjetable que la principal virtud de los políticos es ser criticones.
Han hecho de la crítica un deporte. Cuando los periodistas los entrevistan siempre encuentran una razón para criticar.
Saben que cuestionar las fallas o debilidades de los Gobiernos casi siempre les reditúa simpatías de la población porque se ponen del lado de ella.
No les importa si lo que dicen es cierto o falso. De lo que se trata es de dejar mal parada a una administración gubernamental. Si les asiste o no la razón es lo de menos. “El chiste es estar jodiendo…” diría el ranchero.
No tenemos que ir tan lejos para encontrar ejemplos abundantes de políticos criticones.
Un referente bastante visto en Tamaulipas, es el legislador federal panista, Mario Ramos. Qué le pueden preguntar los reporteros al Diputado que no cuestione. Claro, siempre y cuando no sea algo que lesione los intereses de su partido. El objetivo es aparecer diariamente en los medios de comunicación.
En los últimos siete días, el panista ha dado al menos cuatro entrevistas. Todas fueron para criticar al Gobierno federal. Lo acusa de “disparar” las cifras de desempleo; de manejar mal la contingencia del covid-19; y de cometer una barbaridad con la limitación legal a la generación de energías limpias.
Ramos no es el único. Lo usé como ejemplo porque es el más visto. Pero en la legislatura local abundan los criticones. Unos, los de Morena, descalifican las políticas públicas del Gobierno Estatal y los Ayuntamientos, mientras que los del PAN hacen lo propio con el Gobierno federal.
Los del PRI y Movimiento Ciudadano acusan dependiendo del humor que traigan o la conveniencia del asunto. Cuando les conviene se ladean hacia Morena o se ponen del lado del PAN.
En su defensa, los políticos siempre han usado la tesis o argumento de que su papel principal es cuestionar al partido gobernante.
“Es la única forma de que hagan bien las cosas”, pretextan. Por supuesto que se trata de una falsedad. Su razonamiento es convenenciero.
Es tiempo de que los políticos dejen atrás ese papel de criticones y que lo suplan por uno en el que sean propositivos.
Los ciudadanos sabemos perfectamente cuales son los problemas que nos aquejan como sociedad y conocemos de sobra las debilidades, incapacidades y torpezas de nuestros gobernantes. No necesitamos que un legislador o un dirigente partidista venga a decírnoslo.
Lo que necesitamos como sociedad son políticos que acompañen la crítica con soluciones. Que cada que cuestionen una falla del Gobierno expongan una propuesta para resolverla.
Por ejemplo, ¿de qué nos sirve que se la pasen denunciando la incapacidad del alcalde de Victoria, Xicoténcatl González Uresti, para resolver el problema del agua? No. Lo que queremos los victorenses es soluciones.
Un político inteligente y moderno se dedicaría a buscar la forma de resolver los problemas sociales en vez de andarlos criticando.
En el caso de un diputado federal, como Ramos, le sería mucho más redituable socialmente que tocara puertas en las instancias del Gobierno federal, para gestionar presupuesto u obras públicas que aminoren la sed de los victorenses. Un logro de ese tamaño le permitiría ganarse el agradecimiento de miles de familias. Agradecimiento que seguramente se traduciría en votos llegado el momento.
Quienes andan atrás del poder público deben entender, de una vez por todas, que la de hoy es una sociedad más moderna y despierta, que ya no se deja cautivar por políticos bravucones o criticones. Hoy los ciudadanos queremos en la política a personas que tengan como prioridad el bien común y no el bien personal.
EL RESTO.
LOS CHAMAQUEA.- El presidente Andrés Manuel López Obrador, se la pasa chamaqueando a sus detractores y en particular a los partidos de oposición.
Lo más grave del asunto es que ellos no parecen darse cuenta.
Cada que quiere centrar la atención nacional en su persona, o cada que surge un conflicto que daña su imagen, López Obrador hace un anuncio espectacular, aunque se trate de una mentira.
Por ejemplo, recientemente cuestionó el funcionamiento del INE, y hasta aseguró que estaba pensando en desaparecerlo, “porque nunca ha garantizado elecciones limpias”.
Desde luego que se trata de una falsedad. Jamás podría desaparecer al árbitro electoral. Pero él consiguió su objetivo de que todos hablaran del tema , como lo siguen haciendo hasta la fecha.
Por eso le digo que se la pasa chamaqueando a sus “adversarios”.
ASI ANDAN LAS COSAS.





