Iniciamos el nuevo año con la ilusión y esperanza de que, pronto llegue la vacuna que nos garantice la añorada inmunidad contra el virus más letal que ha azotado a la humanidad.
Sin duda el escarmiento que nos ha dejado la pandemia del Covid-19 ha sido terrible. Espero que una vez superada la pesadilla cada uno de nosotros seamos mejores personas y valoremos las pequeñas cosas de la vida por encima de banalidades y materialismos.
A estas alturas, y con las miles de personas que han sucumbido ante la terrible enfermedad, debemos tener perfectamente claro que el bien más preciado que tenemos después de la vida, es la salud.
Sin salud no hay riqueza que valga. Sin salud, nada tiene sentido ni valor.
Somos bastante afortunados de estar aquí, aun y con las limitaciones y carencias que nos impone la crisis sanitaria que nos agobia.
Insisto: mientras haya salud, lo demás es lo de menos.
Por eso, en lo personal espero y hago votos para que pronto la ciencia y los científicos nos permitan el regreso a la normalidad.
Una normalidad que estoy seguro la mayor parte de los seres humanos extrañamos mucho más durante las recientes fiestas de Navidad y Fin de Año.
Muchos nos quedamos con las ganas de abrazar a quienes más queremos. Tuvimos que conformarnos con un simple y frío “choque” de puños.
Es desesperante, por ejemplo, para quienes tenemos el privilegio de todavía contar con ella, no poder abrazar y besar a nuestra madre, e incluso hablar con ella de lejecitos por aquello de la sana distancia.
Por todo ello, dejemos que el optimismo nos invada y que la esperanza sea el motor que mueva nuestras vidas durante el transcurrir de los días por venir. Confiemos en que, para cuando llegue la próxima Navidad volveremos a estar todos juntos, y que en lugar del choque de puños daremos rienda suelta al reparto de abrazos y besos a los nuestros.
En suma, comencemos el 2021 con la fe puesta en que será un mejor año que el anterior
Esperamos que sea también el año de la recuperación para todos aquellos que, a causa de la pandemia perdieron su empleo o su fuente de subsistencia económica.
En razón de ello, ojalá y que nuestros gobernantes se dediquen de lleno a cumplir su obligación de velar por el bien común, porque finalmente para eso fueron elegidos.
Los ciudadanos, y en particular los tamaulipecos, ya estamos fastidiados, hartos, de los pleitos intergubernamentales, en los que evidentemente la disputa es por el poder político y económico.
Los políticos, y en especial aquellos que tienen una responsabilidad pública, deben comprender que hoy más que nunca la sociedad requiere gobiernos que enfoquen todos sus esfuerzos en llevar bienestar a las familias.
Tienen que entender que para ganarse el cariño y la aprobación de los ciudadanos, el camino más corto y seguro es resolviendo aquellos problemas que nos aquejan como sociedad y comunidad.
En estos momentos, por ejemplo, por razones obvias, los tamaulipecos, igual que todos los mexicanos, necesitamos servicios de salud de calidad.
Hacia allá deben estar dirigidos todos los esfuerzos de los tres órdenes de Gobierno. Ese podría ser el mejor inicio de año en el quehacer público.
Esperemos que así sea.
El RESTO
Por cierto, miles de burócratas iniciaron el año con incertidumbre económica luego de que el Gobierno del Estado, su patrón , no les ha pagado parte de sus prestaciones de fin de año.
Es la primera vez que sucede algo así.
ASI ANDAN LAS COSAS.





