La presunta implicación de doce agentes de la Policía Estatal Preventiva, en la reciente masacre de 19 personas en Camargo, es para indignar y lamentar.
Sin embargo, tampoco es algo que deba sorprendernos.
Le explico porque: No es lo mismo ser policía en ciudades como Victoria y otras del sur del Estado, que, en las urbes fronterizas, particularmente en Matamoros, Reynosa, Nuevo Laredo, y todos los pequeños municipios de la zona ribereña.
En esa región, que hace frontera con Estados Unidos, el poder del crimen organizado es inmenso. Particularmente en municipios como Camargo, Díaz Ordaz, Miguel Alemán, Mier y Guerrero, los grupos criminales tienen rebasadas por completo las autoridades. Hasta los mismos alcaldesestán sometidos.
Ahí cobra mayor vigencia aquella consigna de, “¿Plata o plomo?”.
Y la verdad, sea dicha, bastantes policías, igual que muchos operadores del sistema de justicia, optan por la primera opción. Algunos lo hacen por gusto y por la ambición del dinero fácil, pero también hay otros que lo hacen porque saben que desafiar a la delincuencia organizada es un suicidio.
Hay innumerables historias de policías, agentes del Ministerio Público, y otros funcionarios, que han muerto bajo las balas resentidas del crimen organizado, por no aceptar un soborno o por afectar sus intereses.
Por ello le digo que no debemos sorprendernos por la implicación de una docena de agentes estatales en la masacre de Camargo. Tampoco se trata de justificarlos, pero será necesario conocer la historia completa de la participación que tuvieron en los hechos, para saber si les aplicaron aquello de ¿Plata o Plomo?
¿Fueron ellos los autores materiales de los homicidios o se les detiene por manipular la escena del crimen para proteger a quienes consumaron la masacre?
Insisto: cualquiera que haya sido la participación de esos policías merece castigarse con todo el peso de la ley, pero será interesante en importante que conozcamos bajo qué circunstancias se dieron los hechos.
Por lo demás, es innegable que durante los últimos años el Gobierno del Estado ha atacado sin precedentes al crimen organizado, a través precisamente de la Policía Estatal Preventiva.
No obstante, como le decía al inicio, tampoco se puede negar que hay un sometimiento brutal de las autoridades y particularmente de los policías hacia la delincuencia.
EL RESTO.
EL MÁS RASPADO. – Por cierto, el más raspado con el involucramiento de policías estatales en la masacre de Camargo, es el secretario de Seguridad Pública, José Jorge Ontiveros Molina.
El golpe fue más duro porque los policías detenidos eran integrantes del Grupo de Operaciones Especiales de Seguridad Pública (Gopes).
En agosto del 2020, apenas a unos días de su llegada, Ontiveros Molina anunció la creación del grupo de élite, que tendría como objetivo cumplir con misiones especiales en materia de seguridad y de combate a la delincuencia organizada.
Los Gopes le habían dado resultados a pesar de las recurrentes quejas en su contra por presuntos abusos en su accionar, pero lo de Camargo, vino a demeritar todo.
Total,que al capitán de fragata no le ha ido muy bien en el cargo.
BUENA OPORTUNIDAD. – Por otra parte, es buen momento para que el Gobierno valore mayormente el trabajo de los policías y les dé los insumos necesarios para su trabajo.
Si no se les retribuye dignamente su trabajo, nada extraño sería que comience a darse una desbandada de elementos.
ASI ANDAN LAS COSAS.






