La citricultura, soporte económico de al menos media docena de municipios de la zona centro de Tamaulipas, y generadora de alrededor de 40 mil empleos, entró en fase terminal.
El riesgo de muerte para las casi 50 mil hectáreas sembradas en Victoria, Padilla, Guémes, Hidalgo, Llera, Soto la Marina y otros municipios, inició desde hace por lo menos cinco años cuando se detectó la presencia de la mortal plaga conocida como, “Dragón Amarillo”.
La alerta en aquel entonces fue insistente por parte de las organizaciones de productores, que clamaban a los Gobiernos por una estrategia de contención para evitar el desastre.
Nadie hizo caso y las consecuencias son irreversibles. Hoy la citricultura tamaulipeca entró en fase terminal por el efecto de la plaga que, en otros países, y en algunas entidades mexicanas, como Colima y Michoacán, ha arrasado con las huertas.
Oscar Garza, presidente de la Unión Regional de Citricultores, asegura que al menos el 25 por ciento de la superficie citrícola está invadida por la enfermedad. Miles de árboles tendrán que ser sacrificados porque una vez alcanzados por la plaga no hay forma de salvarlos.
“Viene una catástrofe”, alerta el citricultor tras aclarar que no busca ser alarmista.
“Solo digo lo que estamos viendo. Ya hay casi 12 mil 500 hectáreas invadidas por la plaga y no estamos haciendo nada para evitar el avance de la enfermedad” señala.
Garza dice que el riesgo es mayor porque el Gobierno federal canceló, desde hace dos años, los programas de apoyo para la citricultura, y en particular para atacar las plagas como el “Dragón Amarillo”.
De esa manera, si cuando había recursos poco se pudo hacer para evitar que la plaga llegara a Tamaulipas, menos se logrará ahora en que no hay presupuesto.
Frente al panorama que dibujan los productores, uno se pregunta: ¿estarán valorando los Gobiernos las consecuencias que tendrá una catástrofe citrícola para la zona centro de Tamaulipas?
Evidentemente no. Si así fuera ya hubieran desplegado toda una estrategia emergente de sanidad vegetal para intentar evitar el desastre que se avecina.
Uno de los municipios más afectados por la desaparición de la agricultura será indudablemente Victoria, porque parte de su frágil economía depende de la producción citrícola.
“De desaparecer la citricultura sería un golpe terrible para la economía de la zona centro de Tamaulipas, porque de ella dependen al menos 250 mil personas, entre productores, sus familias, piscadores, transportistas y otras actividades como el comercio que indirectamente resultan beneficiadas” nos dijo en 2015, Ricardo Sepúlveda Cantú, entonces presidente del Comité Estatal de Sanidad Vegetal y dirigente de los citricultores del sector social.
Frente a esa realidad, preparémonos para el desastre que viene.
EL RESTO.
FALSO. -La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), asegura que la militarización de la frontera con Estados Unidos, por parte del Gobierno mexicano, ha orillado a los migrantes a buscar al crimen organizado para cruzar al vecino país.
Falso de toda falsedad. Durante décadas el tráfico de migrantes ha sido una de las principales fuentes de financiamiento de la delincuencia, en un negocio del que también participan las mismas policías.
Dicho de otra manera, más clara: pocos o ninguna migrante cruza por sí solo hacia Estados Unidos. Siempre ha requerido de la delincuencia para hacerlo.
En realidad, lo que ha detonado masacres como la ocurrida el pasado 22 de enero en Camargo, es la pulverización de los grupos criminales. Las bandas delincuenciales se disputan a los migrantes como “mercancía” valiosa, y en esa pelea terminan originándose asesinatos múltiples como en ese municipio de la zona ribereña.
En razón de ello, el problema está en la incapacidad de los Gobiernos para combatir a la delincuencia. No hay otra explicación.
ASI ANDAN LAS COSAS.





