¿DE QUE SIRVE? – Prácticamente todas las fuerzas políticas representadas en el Congreso del Estado se sumaron a la exigencia hacia el gobierno federal, para que escuche el grito de auxilio de los miles de agricultores que perdieron sus siembras por el impacto de las recientes heladas.
Aunque cada quien, por su lado, el PAN, PRI, Morena y MC, demandaron desde la tribuna legislativa un programa emergente de apoyo para el campo tamaulipeco.
Sin embargo, vale preguntarnos: ¿servirán de algo los llamados o exigencias de los Diputados locales? La respuesta es obvia: no servirán de nada.
Imposible conseguir algún apoyo con simples exhortos legislativos. Primero, porque una acción parlamentaria de esa naturaleza carece de fuerza vinculatoria, y segundo, porque ya hemos visto la cerrazón que caracteriza al llamado gobierno de la “Cuarta transformación”.
Desgraciadamente, ese es el panorama real para los hombres del campo que albergan una esperanza de que, al menos por esta ocasión las instancias del gobierno federal sean empáticos con ellos y abran las alforjas del dinero público.
Por lo demás, que bueno que, hasta los diputados morenistas, como Rigoberto Ramos Ordoñez, se hayan unido a la exigencia de ayuda, pero, insisto, de nada servirá ese consenso de nuestros legisladores. Lo que hicieron fue dar un grito en el vacío.
VIENE EL QUINTO. – En cumplimiento de una reforma Constitucional aprobada en 2019, el Gobernador del Estado deberá rendir en la primera quincena de marzo, su informe anual de labores.
En función de ello, está a la vuelta de la esquina la fecha para que el actual mandatario, Francisco García Cabeza de Vaca, comparezca por quinta ocasión ante el Congreso del Estado para informar a los tamaulipecos de los resultados de un año de gestión.
En 2020 el informe fue entregado el 7 de marzo. Este año todavía no deciden el día.
“Todo depende de lo que decidan en Palacio de Gobierno”, nos dijo ayer un diputado local.
El evento tendrá un sabor a despedida porque será la penúltima ocasión en que Cabeza de Vaca cumple con este ejercicio de rendición de cuentas. Su gestión termina en septiembre de 2022.
Faltan todavía 19 meses para el fin del sexenio, pero, en algunas dependencias estatales se comienza a notar esa sensación de nostalgia por la terminación del ciclo sexenal.
Desde luego que también reina la incertidumbre, porque hay muchos burócratas que sienten que con el fin del sexenio muy probablemente se acerca también el fin de su permanencia en el Gobierno.
DIFERENCIAS QUE PESAN. – Este martes, el secretario general de la sección XXX del SNTE, Rigoberto Guevara, advirtió que los maestros no regresarán a clases presenciales mientras no reciban la vacuna contra el Covid-19.
De paso, admitió que la calidad de la enseñanza no es la misma con las clases a distancia que con las presenciales.
En ambos casos tiene razón el dirigente del magisterio tamaulipeco. Es valida la exigencia de inmunización.
Sin embargo, en relación con la baja calidad de las clases a distancia, mucho tienen que ver los profes porque no todos actúan comprometidos con su tarea.
En situaciones como estas es donde se hace más obvia la diferencia entre la escuela pública y privada.
Mientras que en la educación pública el “patrón” Gobierno es excesivamente tolerante y displicente, dejando a los maestros que hagan lo que quieran, en las escuelas particulares los docentes deben trabajar como si estuvieran dando clases de forma presencial.
En las escuelas privadas se les exige a los maestros que acudan a las aulas para que desde ahí impartan su clase, en su horario normal, mientras que a los alumnos se les impone la obligación de conectarse de forma puntual.
¿Por qué no hacer lo mismo en las escuelas públicas?
ASI ANDAN LAS COSAS.






