“Ya valió madres”, fue la expresión lacónica de un alto directivo del PAN al conocer los primeros resultados de la elección del domingo 6.
Aunque tenía la confianza que conforme pasaran las horas se revertirán resultados en municipios grandes. El milagro, nunca ocurrió. Por la noche, el cuarto de operación; era un hervidero de emociones; enojo, frustración, tristeza, llanto y el ánimo de buscar una justificación ajena, al descalabro.
Pero la noticia que les cayó como balde de agua fría; fue enterarse que estaban perdidos en 16 distritos para diputados locales, sólo rescatarían 6 diputaciones. Eso puso a temblar a los líderes azules que habían presumido sus ‘laboratorios electorales’ y estrategia como magos sacando conejos de las chistera.
Sin duda que el más afectado era el líder estatal panista, Luis René ‘Cachorro’ Cantú quien días antes se mostraba triunfalista y seguro de cumplir la consigna, de afianzar la mayoría en el Congreso.
Las llamadas iban y venían; la mayoría con malas noticias.
Alguien confirmó, ‘estamos perdidos en Victoria y no hay forma de revertirlo’.
Y detrás de Victoria; se cantó el triunfo Morena en Matamoros, Reynosa, Ciudad Madero, Altamira, Soto la Marina, Valle Hermoso, Río Bravo y Gustavo Díaz Ordaz, y aunque había la esperanza de ganar en Nuevo Laredo, los votos no fueron suficientes y fracasó la estrategia de imponer-pese al enojo panista- a la priista Yhaleel Abdala, a quien han dejado sola en su lucha por descalificar la elección.
A pesar que el PAN finalmente ganó 28 de 43 alcaldías, perdió 10 ayuntamientos; entre ellos los más importantes del Estado incluyendo la capital.
La paliza que recibió el blanquiazul la exhibe la frialdad de los números, luego que el PAN obtuvo 495 mil votos y la coalición Morena-PT 542 mil sufragios.
Casi por la mañana, el líder panista abatido, amagó con poner la renuncia al partido sobre la mesa.
Cansado y deprimido, encaró los reproches por rendir malas cuentas y después decidió guardarse para recobrar fuerzas y justificar la derrota.
Gente cercana al dirigente, resumiría con ánimo de eximirlo del descalabro.Es ‘ Cachorro’, le faltó experiencia, pero cargó con candidatos ‘capricho’ , que costaron caro.
Y uno fue más allá al atemperar con la frase, ‘no todas las derrotas son para siempre, ni las victorias son eternas’.
En su reaparición el líder repartió justificaciones, aunque no pocos piensan que por decencia política, debe renunciar.
Pero lo cierto es que en el anecdotario interno quedó el enojo de candidatos, por la impuntualidad y el valemadrismo de algunos compañeros de fórmula que con la pura camisa estampada con el logo del partido y sus nombres se sentían ganados.
Y el de otros candidatos que se creían las encuestas triunfalistas que se mandaron hacer.
En el recuento de daños por la derrota, sólo la culpa resultó huérfana.






