Ciudad Victoria, Tamaulipas.- Solo 13 de cada 100 pacientes infartados que llegan a los hospitales públicos en Tamaulipas, se atienden “oportunamente”, lo que muestra la “grave” crisis de infraestructura médica que hay para atender enfermedades del corazón.
El cardiólogo Salvador Facundo Bazaldúa, lamenta que existan estás carencias cuando la entidad enfrenta como principal causa de muerte, los infartos al miocardio.
Con lo anterior, añade, es evidente que no existe una inversión de recursos para la compra de más equipo y poder atender a los pacientes que lleguen bajo estas condiciones de salud.
Revela que bajo estas condiciones, la tasa de mortalidad por infartos al miocardio es del 28% en hospitales públicos y de 3% en hospitales privados.
Las cifras, añade, demuestran además que los hospitales públicos carecen de lo elemental para atender a un paciente que llega con un infarto agudo al miocardio.
El doctor Salvador Facundo Bazaldúa, señaló que en los hospitales públicos de Tamaulipas no hay una sola sala hemodinámica para atender al paciente, y tampoco tienen al menos trombolíticos, que es un medicamento que funciona en el 50 por ciento de los casos para deshacer un coágulo.
“Un paciente infartado que llega a un hospital público, llega prácticamente a nada, a morirse”, asegura.
En contraparte, en un hospital privado, una persona que llega para ser atendido oportunamente, puede ser dado de alta en 48 horas y con vida.
Uno de los aspectos más preocupantes, es que conociendo estos indicadores, están aumentando los fallecimientos por enfermedades del corazón.
Observa que una de las causas que motivó el crecimiento de estadísticas sobre muertes por patologías cardiacas, se da en el momento en que México incursiona en el TLC y con ello se detonan los negocios de hamburguesas, pollo frito y otro alimento que es bastante dañino para el corazón.
“Desde ahí, México entró en una situación de crisis en ese tema, que no ha parado. Por el contrario cada vez se pone peor”.
A pesar de que los gobiernos conocen y tienen estudios sobre el tema, hay una resistencia para poder enfrentar estas adversidades. Simplemente, no hay equipo para los servicios de salud públicos.
Cabe señalar que la atención médica privada para un paciente con infarto al miocardio, cuesta entre los 300 y 400 mil pesos y que no muchas personas pueden pagar estas cantidades.
Propuso entonces que los hospitales públicos, puedan tener una sala hemodinámica, con los recursos necesarios para operar y comprar el material necesario y para ello, se requerirían entre 40 y 50 millones de pesos pero que, servirían para salvar muchas vidas en estos tiempos.






